Se tenía que decir y se dijo… Mi desafío


En mi caso, como en el de tantos venezolanos, mi principal desafío es superar la crisis económica y material que nos está afectando a quienes vivimos actualmente esta lamentable situación en la que nos encontramos. De acuerdo a lo que he aprendido hasta el momento sobre el tema de Liderazgo, detecto que la complejidad de lo que queremos solucionar está en que, por una parte, estamos viviendo una situación de emergencia que tendría que ser resuelta por autoridades que no atacan el problema de raíz, y por otro lado, esta crisis económica y material está dentro de un desafío maléfico o retorcido porque nuestro caso es inédito, no tenemos referencias a las que recurrir para aportar soluciones. Las alternativas convencionales como aspirar a un aumento, cambiar de trabajo, buscar actividades que nos signifiquen una, dos o tres entradas extras, reducir gastos, contribuir entre los miembros de la familia, en este caso no funcionan porque la hiperinflación es tan monstruosa, tan desmedida, que ni siquiera quienes reciben ayuda de familiares radicados en el extranjero están viendo cubiertas por completo sus necesidades más básicas. Quienes estamos sufriendo en este escenario, no estamos viviendo, estamos sobreviviendo. Tenemos lo que tenemos porque ya lo teníamos, si quisiéramos adquirirlo no tendríamos como hacerlo. En cuanto a los componentes técnicos de este desafío, encuentro determinante que la falta de dinero para pagar hasta lo más elemental nos dificulta acceder a los servicios y a programas de entrenamiento para desarrollar nuevas habilidades que nos permitan salir del hoyo en el que sentimos que nos encontramos. Cada día, apenas amanece, la prioridad es asegurar al menos una comida. No tenemos garantizados ni siquiera los servicios básicos (agua, electricidad, etc.) y en un país donde la mitad del territorio permanece a oscuras y desconectado doce horas diarias, gracias a un plan de racionamiento, y en plena era digital, somos “privilegiados” mayormente los caraqueños por contar con más horas de servicio y acceso a internet (aunque esto no se cumple al 100%); sin embargo, unos más otros menos, todos estamos sufriendo los embates de la crisis en la que estamos inmersos, ante la indiferencia de las autoridades responsables de proveernos protección, orientación y orden. Con respecto a los componentes adaptativos de este desafío tan complejo, el clima reinante es el de incertidumbre, desconfianza y desesperanza. La lucha por la supervivencia diaria, con muy pocos recursos, ha mermado la autoconfianza y la capacidad de iniciativa de muchos que se sienten de manos atadas para lanzarse en cualquier emprendimiento que represente algún tipo de riesgo. Todo cuesta dinero, no lo tenemos y si lo tenemos debemos destinarlo a comida. De los tantos conflictos internos que se pueden generar a partir de este escenario, uno que para mí es crucial es, por ejemplo, lanzarse al trabajo de manera independiente teniendo que cobrar montos que muchos no pueden pagar (para asegurar mi sustento) vs ofrecer un servicio a muy bajo precio o de forma gratuita, para que el mayor número posible de personas pueda acceder, pero que eso no me dé a mí ni para comer. Una manera de sortear esto ha sido emigrar a los programas educativos que se dictan online de manera gratuita, y a los oficios que se ejercen a través de internet, pero incluso nosotros (porque este es mi caso) tenemos problemas de productividad por la inestabilidad de la conexión y porque aún no dominamos muchos aspectos tecnológicos. De cualquier manera, emigrar a la solución que nos representa Internet no es una alternativa que todos aceptemos ni a la que todos tengamos acceso. Además, implica comenzar a aprender todo de nuevo, soltar la visión convencional que tenemos sobre el aprendizaje, el estudio y el trabajo. Esto no me genera conflicto a mí porque lo enfrenté hace poco más de año y medio, pero sé que mucha gente está aferrada a sus rutinas como un mecanismo para autoprotegerse de la ansiedad que nos genera a todos el ambiente desesperanzador en el que estamos viviendo. Hecho este análisis, mi desafío se puede resumir en que quiero resolver mi propia situación, y ayudar a otros a resolver la suya, aprovechando los recursos tecnológicos con los que hoy contamos, aun en medio de las condiciones hostiles en las que nos encontramos, y devolvernos a todos los afectados por esta situación la confianza y la seguridad de que podemos seguir desarrollándonos y aportando soluciones, a pesar de las adversidades.
Para que algo ocurra, es necesario estar dispuesto a dar el primer paso…

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