Parada para respirar… “YO SOLO CUMPLIA ORDENES”


¿A qué nos arriesgamos cuando ejercemos liderazgo? El liderazgo implica asumir ciertos riesgos y para ejercerlo es primordial estar preparado para asumir la responsabilidad de intervenir en un sistema, y así, generar un impacto positivo en los grupos involucrados y propiciar el cambio que se busca en pro del bien común.
Si hablamos de liderazgo adaptativo, hay que tener presente que el factor humano es crucial y hay que saber estudiarlo y trabajarlo si queremos resultados efectivos. También es vital examinar lo referente a nuestra relación con la figura de autoridad y este suele ser un punto álgido.
Cuando la relación entre las personas tiende más hacia la figura de autoridad que hacia la co-responsabilidad, la gente pierde la capacidad individual de responsabilizarse por sus actos, corriendo entonces el riesgo de desconectarse de su sentido ético. Su dimensión ética tiende a desaparecer y va haciéndose más fácil que se convierta en “perpetrador del mal”.
Aquí entra el porqué del título de esta entrada “YO SOLO CUMPLIA ORDENES”:
El riesgo central del liderazgo, más específicamente del estilo heroico, es que cuando la gente entrega la responsabilidad a otra persona, deja de ser capaz de tomar decisiones individuales responsables. ¿Por qué una persona obedece cuando se le ordenan acciones que van en contra de su conciencia? Pues porque para mucha gente la obediencia es un comportamiento arraigado que termina primando sobre las bases éticas.
En los casos donde se viven escenarios de violencia y crueldad, toda la estructura y las políticas que llevan al genocidio solo pueden ser llevadas a cabo en una escala masiva si un gran número de personas obedece órdenes. Los crímenes basados en obediencia son una realidad y la mayoría de los países tienen historias que lo confirman. Venezuela, entre tantos otros países, tiene también sus episodios largos y dolorosos. Sin embargo, la obediencia no es algo que se deba eliminar; al contrario, cierta medida de obediencia es necesaria para el desempeño de los grupos, organizaciones y la sociedad.
Cuando estudiamos liderazgo, nos vemos en la obligación de estudiar el mundo de las emociones, para examinar de qué manera nos relacionamos con nuestro entorno y descubrir qué es lo que hay detrás de lo evidente. En mi caso personal, he internalizado que me torno agresiva cuando me siento instigada, acosada, presionada y perseguida o interrogada, y para huir de mi propia agresividad me aislo, de modo de evitar lo que me disgusta. Ni más ni menos de lo que puede ocurrirle a cualquier otra persona. Pero ¿qué pasa cuando una mayoría está enmascarando lo que siente y padece todo el colectivo? ¿qué pasa cuando una mayoría se siente víctima de las circunstancias y, por no asumir su rol de responsabilidad, contribuye con lo mismo de lo que se queja? ¿qué pasa cuando la mayoría se siente impotente ante el abuso de autoridad pero no sabe cómo enfrentarlo? He aquí el dilema…
A partir de aquí voy a hablar del caso de Venezuela porque es acerca del que puedo opinar con más propiedad, como una ciudadana más a quien le preocupa lo que ocurre actualmente, del papel que tenemos los miembros de la sociedad civil frente a la crisis que atraviesa el país, y la respuesta de la ciudadanía ante la violencia, el abuso, las injusticias y una larga lista de factores que componen esta crisis sin precedente en nuestra historia.
Tenemos un problema, en eso estamos de acuerdo. Se trata de un desafío extraordinariamente complejo porque abarca temas que van desde lo político, la corrupción, la inseguridad, la hiperinflación, caos de servicios públicos, etc. Todo requiere atención y solución pero no vamos a poder avanzar en este reto mientras sigamos replegados en posición de víctimas. Aunque sea cierto que estamos sufriendo y que nos sentimos contra la pared, asumirnos como víctimas nos neutraliza como individuos y por lo tanto como sociedad.
Mientras una parte de la población se autoprotege negando la situación, otros queremos actuar pero no sabemos cómo. En este momento, yo tampoco tengo respuesta para esto pero la busco incansablemente  y sostengo que cuando parece que todos los caminos están cerrados, siempre se encuentra una nueva manera de hacer las cosas. Para mí no hay imposibles y mientras más difícil es un desafío más lo considero un reto a la inteligencia. De momento, me documento, aprendo y ofrezco mis dones y habilidades.
Todos los países merecen ciudadanos de valor que estén dispuestos a entregar sus talentos para construir sociedades de primera. Venezuela no es la excepción y amarla es tan fácil que bien vale la pena levantarse para ayudar a reconstruirla. Si queremos erradicar el mal que nos agobia, tenemos que empezar a elevar nuestro nivel de conciencia para dar paso a una nueva ciudadanía consciente, co-responsable y co-comprometida con nuestro bienestar y desarrollo. Si hemos de cumplir alguna orden, que sea la que nos dicte nuestra conciencia, por amor al país y por el bien común.
Este es un llamado para que rescatemos todo lo que amamos y lo mantengamos a manos llenas y con los brazos abiertos al mundo, como siempre ha sido y debe seguir siendo. Por difícil que resulte…
Para que algo ocurra, es necesario estar dispuesto a dar el primer paso.
 

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