ERES LÍDER POR NATURALEZA

Si te interesa el tema del liderazgo, seguramente más de una vez te habrás hecho preguntas como ¿Cuáles son las fortalezas de un líder? O ¿Cómo puedo llegar a ser un buen líder?

Para abordar este tema, comenzaré por recordarte que tu capacidad de liderazgo es el conjunto de habilidades con las que cuentas para ejercer influencia en los demás.

Generalmente, el común denominador de la gente que te rodea esperará de ti, como líder, que marques el camino y que resuelvas los problemas que te salgan al paso. Sin embargo, no siempre podrás cumplir esas expectativas.

Tú mejor que nadie sabes todas las cargas que llevas a cuestas y los dolores emocionales por los que pasas cada vez que un sueño se te cae, especialmente cuando te enfrentas al rechazo o a la mezquindad de muchos a tu alrededor.

Conforme adquieres responsabilidades y te expones, más crecen las expectativas y parece más difícil cubrirlas. Ciertamente, este mundo se caracteriza por la inconformidad, y parece que tú fueras ese muro donde la humanidad quiere escribir sus graffitis de quejas y reclamos para saciar su vanidad.

Es un error que pretendas ser perfecto, creer que puedes tener bajo control cualquier situación que surja, o peor aún exigírtelo. Nada más lejos de la realidad. Eso era antes, “en los tiempos de María Castaña” (como diría mi abuelita) que el líder era un personaje heróico del que se esperaba todo y al que le estaban prohibidas las fallas y hasta la más mínima debilidad.

Hoy en día, con la entrada en el siglo XXI y todos los cambios que estamos viviendo, la forma de ejercer el liderazgo se está modificando y está surgiendo un prototipo de líder más humano, más cercano y que nada tiene de inaccesible.

¿Existe ya ese tipo de líder? Bueno, yo pienso que el ejercicio del liderazgo es un área más donde estamos viviendo una transición como sociedad. Si no lo hay ya, muchos nos estamos preparando.

Todos estamos viéndonos en situación de aprender de nuevo para adaptarnos a las exigencias de la era en la que acabamos de ingresar y, precisamente porque la digitalización y el confinamiento durante 2020 nos han obligado a un distanciamiento social, ahora más que nunca cobra valor la empatía y la conexión emocional, para asegurarnos una comunicación efectiva en un entorno que apuesta a la deshumanización. Nos urge un liderazgo humano y los protagonistas de este proceso transformacional somos nosotros mismos.

Si queremos salir triunfantes de esta adaptación a los nuevos tiempos, tenemos que sacar a la luz al líder que llevamos dentro, para dirigir nuestra propia vida y ayudar a otros a dirigir la suya, siempre pensando en el bien común.

Entonces ¿existe ese líder humano o no? Pienso que sí, ese líder es cada uno, desde lo que es, desde lo que ama, desde lo que mejor sabe hacer y desde aquello en lo que se siente unido a los demás.

Ese nuevo líder eres tú, en la medida que te conozcas a ti mismo y, sin juzgarte, te aceptes. Sólo así podrás ver con total nitidez cuáles son esas cualidades de las que puedes echar mano para dar tu aporte en cualquier escenario en el que te desenvuelvas.

Todos somos líderes por naturaleza, sólo tenemos que descubrir en qué ¡Y tú  no eres la excepción!

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¿POR QUÉ ES TAN IMPORTANTE EL CONTROL EMOCIONAL PARA ALCANZAR METAS?

Para efectos del Autoliderazgo, cuando tienes una meta y no avanzas, cuando inicias un proyecto pero a mitad de camino se trunca porque lo dejas, o logras algunos objetivos con demasiada dificultad pero al final pierdes el trabajo que has hecho (a pesar de contar con recursos técnicos, tales como conocimientos, experiencia, etc), generalmente es porque algún factor emocional te está interfiriendo y haciendo que te autosabotees. Unas veces desistirás tú y otras veces será la propia situación la que te expulse.

Es mayormente por los arrebatos emocionales que se dañan relaciones, se rompen sociedades, se caen negocios e incluso se fracturan núcleos familiares. Por no saber canalizar lo que sientes puedes estar corriendo el riesgo de perderlo todo, no importa cuánto te haya costado, ni cuánto tiempo te haya llevado lograrlo.

Cuando te dejas arropar por una situación, dañas tus planes y acabas con los resultados que pudiste haber obtenido. Por esta razón es que a la hora de enfrentar problemas, tus estudios y títulos de muy poco sirven.  Esos conocimientos sólo ayudan a sacar adelante la parte práctica y objetiva, pero no resuelven la parte emocional.

Son las emociones las que llevan la batuta y tienes que aprender a manejarlas para que seas tú quien las gobiernes a ellas y no ellas a ti. Si no lo haces, te condenas a ti mismo a seguir yendo de fracaso en fracaso por no saber dominar tu carácter.

Indagar y detectar cuáles son las creencias limitantes y emociones que te están obstaculizando te permitirá ver el problema de manera más objetiva y tomar nuevas decisiones sobre la marcha. De esto trata lo que se conoce como Autoliderazgo: de conocerte a ti mismo, examinar tus reacciones y aplicar correctivos donde haga falta para acercarte más a la consecución de tus objetivos y metas. A partir de allí, lo que queda es tener claridad de lo que quieres alcanzar y perseverar hasta conseguirlo.

Actualmente, me desenvuelvo entre escritores y me he encontrado con que hasta los más experimentados albergan algún tipo de inseguridad. Tener inseguridades es completamente normal; de hecho, no tenerlas sería anormal. No se puede estar bien todo el tiempo, ni se puede tener todo previsto de una vez. Sin embargo, lo que sí puedes hacer es canalizar lo que sientes, hacia una actividad que te reporte algún beneficio, te acerque a tu meta y de algún modo pueda servirle a los demás. Así nacen los campeones del deporte, los grandes compositores, los escritores de renombre, los poetas inolvidables ¿O es que tú crees que siempre se sintieron bien? ¿De dónde piensas que sacaron el ímpetu para lograr lo que hicieron?

Un ejercicio que aprendí durante el curso de Autoliderazgo es el de crear mi propia lista de preguntas a las que llamo mis “Top 5”. Son 5 preguntas diseñadas para usarlas cada vez que me encuentre ante alguna situación que me signifique un reto o un desafío.

En la práctica, hacerte estas preguntas te permitirá retomar el control sobre la situación y tener una visión más objetiva acerca de lo que te está ocurriendo. Además, podrás ver mejor qué terreno estás pisando y qué pasos necesitas dar.

Siempre puedes crear tu propia lista, estas son mis “Top 5”:

  1. En lo personal ¿a qué me está conduciendo lo que está ocurriendo?
  2. Esto que ahora tengo que hacer ¿qué ventaja me representa? ¿me acerca a mi meta?
  3. ¿Qué me está enseñando esta situación?
  4. ¿En qué voy a mejorar si lo resuelvo?
  5. ¿En qué puedo ayudar a otros con este aprendizaje?

Una vez obtengas tus respuestas, permítete una lluvia de ideas y escoge las que quieras para ponerlas en práctica. Si no funciona, de una vez o completamente, no te preocupes. Siempre tendrás oportunidad de reajustar tu plan hasta que lo afines lo suficiente. Cuando des con tu propia fórmula y empieces a obtener los resultados, objetivos y metas que ansías, continúa y no interrumpas. En la medida que te conozcas y ejerzas control sobre tu mundo emocional estarás ejerciendo tu Autoliderazgo.

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Puedo escribir los versos más tristes esta noche.

Pablo Neruda.

El Nuevo Liderazgo y la Reconexión Espiritual

La Fe parte de la autoconfianza y la baja autoestima es el primer obstáculo a vencer. No hay Fe verdadera mientras haya inseguridad en la propia capacidad para alcanzar las metas, vencer los obstáculos y transformar la realidad. La oración es efectiva cuando parte del deseo genuino de obtener algo realmente anhelado. , pero en un mundo donde mayormente las personas no creen en sí mismas y tienen baja autoestima esas oraciones parecen caer en saco roto. No puede haber Fe verdadera donde hay desconfianza, ansiedad e inseguridad porque el Poder que todo lo vence reside en cada individuo y es desde sí mismo que se proyecta hacia su entorno.

El sistema usa infinidad de recursos para minar la autoconfianza de las masas porque esa es la manera más segura y efectiva de mantener control sobre ellas. La esclavitud, la frustración, la enfermedad, las adicciones, las relaciones de baja calidad, la delincuencia e incluso la superpoblación son consecuencia de no desarrollar las cualidades espirituales.

Las instrucciones han sido transmitidas a lo largo de todas las épocas y periódicamente se dejan evidencias sobre realidades que son desconocidas por las mayorías, pero hay dos condiciones fundamentales que limitan el acceso a la información: el interés del sistema en ocultarla y, por otro lado, la necesidad de mantener a resguardo verdades para las cuales el individuo común no está preparado.

¿El evangelio salva? Sí, pero no como se le ha transmitido a las masas, no con golpes de pecho ni con oraciones huecas, es por eso que los males comunes continúan apoderados de la humanidad. Las épocas cambian, la tecnología avanza, aparentemente la vida se simplifica debido a técnicas cada vez más sofisticadas pero el ser humano sigue sumido en el sufrimiento siendo víctima de sus propias circunstancias. La traición ha estado a la orden del día y cada vez son más los esclavos de sí mismos y del sistema porque hay quienes han usado información sagrada para ejercer dominio y transgredir las leyes de la naturaleza, que son las que rigen al planeta en el plano material.

El futuro de la humanidad está en nuestras manos y depende de lo que hagamos en el presente. Hacerte consciente de ti mismo y de la responsabilidad que tienes en lo que nos ocurre a todos es el primer paso para lograr una vida más plena, dejando además a próximas generaciones, a través de nuestro aporte, un mundo más equilibrado y en el que valga la pena vivir.

Cuando tomas las riendas de tu vida y te comprometes con el bienestar grupal, haciendo lo que tienes que hacer, contribuyes con el ejercicio del verdadero liderazgo humano.

Reconéctate.

Revista Mundo de Escritores Número 4 – May 2020

Mundo de Escritores es una iniciativa en la que colaboro para brindar a los nuevos escritores información de valor acerca de Marketing y, ademas, proporcionarles una visión actualizada del papel comunicacional que esta llamado a desempeñar el nuevo escritor del siglo XXI.

Leenos y siguenos, fomentamos el talento.

Autoliderazgo: Ser testigo de tí mismo

Cuando hablamos de liderazgo, es absolutamente necesario tocar el tema del autoliderazgo, porque no puede haber avance efectivo en ningún reto que nos planteemos si no hemos aprendido antes a gerenciar nuestras emociones y la manera como enfrentamos las situaciones del día a día.

Para lograr ser eficientes y productivos en lo que hacemos y en lo que queremos lograr, necesitamos tomar consciencia plena de cuáles son las cosas que más nos importan y qué sentimos que esas cosas nos aportan. Solo así podremos ser coherentes en pensamiento, palabras y obras: siendo conscientes de nuestros verdaderos valores. Nuestros valores son la gasolina que nos impulsa a actuar o a dar un giro necesario en un punto del camino si nos damos cuenta de que por donde vamos no estamos obteniendo satisfacción, gozo ni autorrealización.

Existen ejercicios muy interesantes para detectar cuáles son los verdaderos valores que nos mueven. Basta con hacerse algunas preguntas personales como ¿Cuáles son las cosas que a mí más me importan? ¿Qué siento que me aportan? ¿Quiénes son las personas más importantes en mi vida? ¿Qué siento que estas personas me generan y en qué siento que enriquecen mi experiencia personal? ¿Qué es eso a lo que yo jamás renunciaría y que siento que es el verdadero motivo de mi existencia?

Hay dos ejercicios que a mí en lo particular me han resultado sumamente divertidos y esclarecedores para “limpiar mi lente”. Uno se llama “Discurso del funeral” y el otro se llama “Mi diario en 5 años”. Cualquier persona que desee dar un giro positivo a su vida, sea cual sea su situación actual, tendría que realizar estos dos ejercicios de imaginación para ver con más claridad dónde está y hacia dónde va.

Recrear en la mente nuestro propio funeral nos permite imaginar qué queremos que otros digan de nosotros y cómo queremos que se nos recuerde. Aquí cabe preguntarse ¿Estoy haciendo lo que quiero que sea mi distintivo? ¿Estoy haciendo en este momento eso por lo que quiero que se me recuerde? En mi caso personal, yo sí quiero dejar huella y básicamente quiero que se me recuerde por haber trabajado para despertar consciencias. En lo que respecta a mi diario personal dentro de 5 años, hay acciones que ya he tomado y otras que tengo que sumar para que mi vida tome la dirección que deseo. Nada distinto a lo que puede estar pasando contigo. En todo caso, y tomando en cuenta mis experiencias en los últimos años y lo que estoy viviendo actualmente a raíz de la crisis en Venezuela, todas las subidas y bajadas por las que he pasado, todas las penurias, las gravedades físicas y emocionales que he tenido que transitar y las limitaciones que vivo a diario, si hay algo de lo que estoy segura es de que doy un profundo valor a mi bienestar físico, mental y emocional, por encima de cualquier circunstancia. Así mismo, doy un profundo valor al conocimiento, a la comunicación y a la libertad. Son cosas a las que no voy a renunciar jamás, por las que siempre voy a trabajar, y para mí el amor, esa fuerza que todo lo puede, pasa por el respeto a todo lo que a cada uno más le importa en la vida. Mi caso no es la excepción y el tuyo tampoco.

En este punto de preparación en el que me encuentro, pienso que antes de pensar en liderar iniciativas y a grupos, es vital aprender a dominar todo lo referente al autoliderazgo, solo así seremos coherentes y será más probable que dejemos una huella indeleble y positiva en la vida de los demás, además de contribuir al surgimiento de una sociedad más consciente.

Para que algo ocurra, es necesario estar dispuesto a dar el primer paso…

VENEZUELA: POR QUE NOS URGE UNA CIUDADANIA CONSCIENTE

Este tema me importa porque es la orden del día en Venezuela. Vengo de haber crecido en una clase media trabajadora y disfruté de un país que ofrecía oportunidades a quien quisiera venir a quedarse. Aunque existía la desigualdad, éramos un país rico y se podía escalar con voluntad y trabajo. Soy una ciudadana más, sin un rol de autoridad formal pero sí con la autoridad moral que me otorga el hecho de conocer a fondo la situación que padecemos porque la vivo cada día y, en este sentido, quiero que mi esfuerzo sirva para impulsar la regeneración que tanto necesitamos.

En Venezuela, a lo largo de los últimos 20 años hemos vivido un proceso lleno de cambios que nos han significado distintos tipos de pérdidas, y donde el protagonismo se lo ha llevado el tema político. La gente se acostumbró a demostrar “participación” saliendo a votar en época de elecciones o saliendo a marchar y a protestar cuando surgían las convocatorias. Aparte de muertos, heridos y destrozos, las iniciativas de calle, al menos como fueron concebidas todos estos años, no arrojaron resultados que nos acercaran a la solución que hoy en día aún demandamos. Sin embargo, pienso que no participar es peor que asistir, porque es entregarle el poder de decisión a otros.

Desde el punto de vista del Liderazgo Consciente, tenemos desafíos técnicos que enfrentar, así como también desafíos adaptativos. Por un lado tenemos que, frente a la crisis económica y el cierre de tantas empresas, la población ha decidido emigrar, procurar sobrevivir a través del comercio informal o probar suerte incursionando en el mundo de los oficios por internet, mientras otros se aferran a sus puestos de trabajo. Por el otro lado, tenemos la dura experiencia emocional que nos está significando a la mayoría transitar este oscuro capítulo de nuestra historia.

Los principales actores afectados somos el 81% de la población, según datos oficiales. Independientemente del estrato social, todos estamos sufriendo los embates de la crisis. Aquí no hay distinción de nada, hombres, mujeres, niños, jóvenes, adultos, adultos mayores, profesionales, no profesionales, jubilados, pensionados, todos hemos visto mermada nuestra calidad de vida y necesitamos modificar nuestros esquemas y sistemas de valores para poder desarrollar la nueva Conciencia Ciudadana que nos permita asumir nuestro rol protagónico como sociedad en la reconstrucción del país.

Me atrevería a decir que quienes estamos más conscientes del desafío que nos significa superar nuestra situación, y no tenemos representación, somos quienes “pertenecíamos” a la clase media. Yo insisto en que somos nosotros principalmente quienes tenemos que impulsar el proceso de regeneración porque tenemos la base del conocimiento, más disposición a actualizarnos porque nos formamos con estudio y trabajo, y muy importante: conocemos a fondo el problema porque lo sufrimos igual que quienes provienen de estratos muy bajos. Donde antes había una brecha que nos separaba de clases más bajas esta experiencia emocional la redujo porque la crisis nos puso a todos a sufrir las mismas carencias e incomodidades, en medio de un sentimiento de luto sostenido, a causa de tantas pérdidas afectivas y materiales. Si un sentimiento compartimos hoy es precisamente el del desarraigo.

Pienso que parte de los valores y creencias en conflicto tienen que ver con la idea arraigada de que las soluciones tienen que venir exclusivamente de las autoridades y que esas autoridades son siempre otras personas, la tendencia a la evasión para no enfrentar la ansiedad de no saber qué hacer y la radicalización política de algunos sectores, pero para tender puentes hay que centrarse en el problema que nos atañe a todos y en soluciones que apunten al bienestar común.

Nuestra situación es insostenible y es un error muy peligroso seguir sin asumir nuestra co-responsabilidad en lo que nos ocurre. Es nuestra vida la que está en juego y mostrar apego al país es mucho más que hablar de nuestras playas, de las arepas, de las hallacas y el pan de jamón en navidad, del cruza´o y las cervezas bien frías los domingos en casa de la suegra o las reuniones en casa del compadre al que ahora, después de viejo, le dió de nuevo por ser papá.

Los venezolanos despiertos y comprometidos de corazón con Venezuela tenemos que tomar las riendas del país y para eso tenemos que impulsar, a través de nuestras iniciativas personales y grupales, el desarrollo de una nueva Conciencia Ciudadana. Desde la perspectiva del Liderazgo Consciente, cada venezolano que actualmente sufre, padece y demanda un cambio que nos favorezca a todos, tiene que entender y aceptar que tiene un rol individual y un rol social que cumplir, a partir de quien es, desde donde está, con lo que tiene y armado con sus mejores habilidades para ponerlas al servicio de la reconstrucción del país.

Así mismo, y ya refiriéndome a un aspecto más técnico de este desafío tan complejo, en esta parte de mi mensaje me permito hacer énfasis en que todos tenemos que asimilar que, queramos o no, ya somos miembros de una sociedad digital. Si queremos avanzar y poner nuestras habilidades al servicio, no solo de Venezuela sino del mundo, tenemos que internalizar de una vez por todas que integrar nuevas destrezas y conocimientos, a través de las tecnologías de la información, es indispensable para nuestro desarrollo profesional porque cada vez es más requerida la capacitación didáctica y pedagógica, el manejo y dominio del lenguaje y la cultura digitales.

Hacer uso correcto de las tecnologías de información es también parte del desarrollo de una nueva ciudadanía cada vez más consciente.

Para que algo ocurra, es necesario estar dispuesto a dar el primer paso…

VENEZUELA: CÓMO SE RECONSTRUYE UN PAÍS…

Desde el punto de vista del liderazgo humano, para afrontar el desafío de impulsar la reconstrucción de un país, es necesario que toda la ciudadanía se comprometa y se haga responsable de la solución, en una nueva actitud de co-responsabilidad y co-compromiso, a sabiendas de que el problema es difícil de definir porque contiene muchas aristas que escapan del control y rango de acción del ciudadano común, que no hay reglas claras, que hay un clima de profunda incertidumbre donde no tenemos autoridad formal ni recursos, y que es necesario persuadir a la colectividad a asumir su parte de responsabilidad en la recuperación de los distintos espacios que sentimos que nos han sido arrebatados y entregados al abandono.
Para sacar adelante un desafío de semejante talla, es necesario implementar un conjunto de acciones, como motivar, organizar, orientar y enfocar la atención de la colectividad en la recuperación individual y de la comunidad, para lo cual va a hacer falta fortalecer lazos y trabajar unidos. Esto implica luchar contra un clima de confusión, apatía, cansancio emocional, dolor por pérdidas afectivas, miedo a perder el sustento y una profunda inseguridad emocional y material producida por la falta de recursos para respaldar cualquier iniciativa. Desde mi punto de vista personal, es muy duro no contar con recursos; sin embargo, en períodos de escasez la colaboración mutua abre ventanas donde se nos han cerrado puertas y siempre hay gente dispuesta a ayudar y a dar facilidades en pro del bien común. Por otro lado, tenemos el factor humano que es más difícil de trabajar y que depende estrictamente de cada uno y de su deseo genuino de resolver la situación. Este aspecto luce más complejo pero cuando el deseo es genuino y estamos claramente enfocados en el bienestar común, podemos tender puentes donde nuestras visiones estaban separadas y alimentar un sentimiento de seguridad y optimismo saludable, a pesar de las dificultades y todos los obstáculos que haya que superar.
Si queremos colaborar de manera efectiva con la reconstrucción del país, no podemos seguir esperando, ni el momento perfecto, ni a los dirigentes perfectos, ni un milagro del cielo en un plano del tiempo que nadie conoce. El momento es ahora, los dirigentes perfectos somos nosotros mismos que conocemos el problema y si dejamos transcurrir más tiempo las cosas solo pueden tornarse más difíciles e igual tendremos que afrontarlas. Es necesario, y urge, enfocar todos nuestros esfuerzos en despertar nuestra Conciencia Ciudadana y dirigir todas nuestras acciones a convencernos, individualmente y en conjunto, de que cada uno puede, con lo que tiene y desde donde está, superar su propia situación y colaborar con la recuperación de todos los que se encuentran en iguales e incluso peores condiciones. Para esto hace falta unir voluntades, tanto por instinto de supervivencia como por amor a Venezuela, para emerger de las profundidades como una sola fuerza, potente e incontenible, que sirva para transformar y regenerar el país que hoy muchos, dominados por el pesimismo, dan por hundido en la quiebra y la desesperanza.
¿Qué tenemos que hacer en concreto?
Para que algo ocurra, es necesario estar dispuesto a dar el primer paso.
TO BE CONTINUED…
 
 

Parada para respirar… “YO SOLO CUMPLIA ORDENES”


¿A qué nos arriesgamos cuando ejercemos liderazgo? El liderazgo implica asumir ciertos riesgos y para ejercerlo es primordial estar preparado para asumir la responsabilidad de intervenir en un sistema, y así, generar un impacto positivo en los grupos involucrados y propiciar el cambio que se busca en pro del bien común.
Si hablamos de liderazgo adaptativo, hay que tener presente que el factor humano es crucial y hay que saber estudiarlo y trabajarlo si queremos resultados efectivos. También es vital examinar lo referente a nuestra relación con la figura de autoridad y este suele ser un punto álgido.
Cuando la relación entre las personas tiende más hacia la figura de autoridad que hacia la co-responsabilidad, la gente pierde la capacidad individual de responsabilizarse por sus actos, corriendo entonces el riesgo de desconectarse de su sentido ético. Su dimensión ética tiende a desaparecer y va haciéndose más fácil que se convierta en “perpetrador del mal”.
Aquí entra el porqué del título de esta entrada “YO SOLO CUMPLIA ORDENES”:
El riesgo central del liderazgo, más específicamente del estilo heroico, es que cuando la gente entrega la responsabilidad a otra persona, deja de ser capaz de tomar decisiones individuales responsables. ¿Por qué una persona obedece cuando se le ordenan acciones que van en contra de su conciencia? Pues porque para mucha gente la obediencia es un comportamiento arraigado que termina primando sobre las bases éticas.
En los casos donde se viven escenarios de violencia y crueldad, toda la estructura y las políticas que llevan al genocidio solo pueden ser llevadas a cabo en una escala masiva si un gran número de personas obedece órdenes. Los crímenes basados en obediencia son una realidad y la mayoría de los países tienen historias que lo confirman. Venezuela, entre tantos otros países, tiene también sus episodios largos y dolorosos. Sin embargo, la obediencia no es algo que se deba eliminar; al contrario, cierta medida de obediencia es necesaria para el desempeño de los grupos, organizaciones y la sociedad.
Cuando estudiamos liderazgo, nos vemos en la obligación de estudiar el mundo de las emociones, para examinar de qué manera nos relacionamos con nuestro entorno y descubrir qué es lo que hay detrás de lo evidente. En mi caso personal, he internalizado que me torno agresiva cuando me siento instigada, acosada, presionada y perseguida o interrogada, y para huir de mi propia agresividad me aislo, de modo de evitar lo que me disgusta. Ni más ni menos de lo que puede ocurrirle a cualquier otra persona. Pero ¿qué pasa cuando una mayoría está enmascarando lo que siente y padece todo el colectivo? ¿qué pasa cuando una mayoría se siente víctima de las circunstancias y, por no asumir su rol de responsabilidad, contribuye con lo mismo de lo que se queja? ¿qué pasa cuando la mayoría se siente impotente ante el abuso de autoridad pero no sabe cómo enfrentarlo? He aquí el dilema…
A partir de aquí voy a hablar del caso de Venezuela porque es acerca del que puedo opinar con más propiedad, como una ciudadana más a quien le preocupa lo que ocurre actualmente, del papel que tenemos los miembros de la sociedad civil frente a la crisis que atraviesa el país, y la respuesta de la ciudadanía ante la violencia, el abuso, las injusticias y una larga lista de factores que componen esta crisis sin precedente en nuestra historia.
Tenemos un problema, en eso estamos de acuerdo. Se trata de un desafío extraordinariamente complejo porque abarca temas que van desde lo político, la corrupción, la inseguridad, la hiperinflación, caos de servicios públicos, etc. Todo requiere atención y solución pero no vamos a poder avanzar en este reto mientras sigamos replegados en posición de víctimas. Aunque sea cierto que estamos sufriendo y que nos sentimos contra la pared, asumirnos como víctimas nos neutraliza como individuos y por lo tanto como sociedad.
Mientras una parte de la población se autoprotege negando la situación, otros queremos actuar pero no sabemos cómo. En este momento, yo tampoco tengo respuesta para esto pero la busco incansablemente  y sostengo que cuando parece que todos los caminos están cerrados, siempre se encuentra una nueva manera de hacer las cosas. Para mí no hay imposibles y mientras más difícil es un desafío más lo considero un reto a la inteligencia. De momento, me documento, aprendo y ofrezco mis dones y habilidades.
Todos los países merecen ciudadanos de valor que estén dispuestos a entregar sus talentos para construir sociedades de primera. Venezuela no es la excepción y amarla es tan fácil que bien vale la pena levantarse para ayudar a reconstruirla. Si queremos erradicar el mal que nos agobia, tenemos que empezar a elevar nuestro nivel de conciencia para dar paso a una nueva ciudadanía consciente, co-responsable y co-comprometida con nuestro bienestar y desarrollo. Si hemos de cumplir alguna orden, que sea la que nos dicte nuestra conciencia, por amor al país y por el bien común.
Este es un llamado para que rescatemos todo lo que amamos y lo mantengamos a manos llenas y con los brazos abiertos al mundo, como siempre ha sido y debe seguir siendo. Por difícil que resulte…
Para que algo ocurra, es necesario estar dispuesto a dar el primer paso.
 

Parada para respirar… en medio de escenarios confusos


Sabemos que vivimos en un mundo muy diferente al del siglo XX y los cambios que se han experimentado nos representan desafíos de gran complejidad. Para todos, tanto para quienes nacimos en el siglo pasado como para nuevas generaciones, debería ser preocupante lo relacionado con problemas muy específicos como, por ejemplo, la seguridad, la calidad de los servicios públicos, la educación, la pobreza, la desigualdad, la droga y la corrupción en todos los niveles. Problemas que quizá podrían ser controlados y hasta erradicados, de no ser porque se descuidan en sus fases iniciales y esto va haciendo poco a poco que se conviertan en problemas críticos hasta llegar a hacerse inmanejables al punto de tornarse maléficos o retorcidos (wicked en inglés). Digo “debería ser” porque son problemas que nos atañen a todos como miembros de una sociedad y no tendrían por qué ser temas de interés sólo para algunos, mucho menos responsabilidad exclusiva de unos pocos.
En los foros sobre Liderazgo, suelo encontrar personas básicamente con las mismas inquietudes. Hoy le comentaba a un compañero que, desde mi punto de vista, tenemos que desprendernos definitivamente de la idea arraigada de que es otro quien nos va a resolver los problemas y tenemos que trabajar en su lugar la idea de que la colaboración es mucho más efectiva a la hora de buscar y hallar soluciones. De esto se trata el Nuevo Liderazgo del Siglo XXI: de una actividad en conjunto, donde cada una de las partes asume su propio rol protagónico y reconoce su co-responsabilidad  y su co-compromiso con cualquiera de las causas por las que esté trabajando el grupo. Esto es un Liderazgo Humano, co-responsable y co-comprometido.
Sé que en casos inéditos, como por ejemplo el de Venezuela, muchos nos preguntamos qué podemos hacer en concreto para avanzar en una situación que nos mantiene asfixiados y donde pareciera que no hay salida. También sé que en un contexto tan retorcido, una posición como la mía bien puede ser calificada de “come flor”. Sin embargo, si yo no fuera una persona convencida de que todo problema tiene solución, hace rato que me habría dejado arrastrar por la desesperación y habría incluso atentado contra mi vida. No siendo esto así, me ocupo incansablemente de buscar alternativas que me representen alguna solución en mi esfera personal, pensando siempre en lo que puedo aportar a otros con mi experiencia. En mi caso personal, me aferro a la adquisición de nuevos conocimientos aplicables y, en lo emocional, hace tiempo que aprendí que lo que no ayuda estorba, especialmente en casos críticos como lo que nos está tocando vivir en Venezuela. Por eso suelto lo que no me deja crecer y promuevo la enseñanza y el aprendizaje, porque sé que mientras mayor es la ignorancia y menor el pensamiento crítico, más se corre el riesgo de ser manipulable.

Para que algo ocurra, es necesario estar dispuesto a dar el primer paso…

Se tenía que decir y se dijo… Mi desafío


En mi caso, como en el de tantos venezolanos, mi principal desafío es superar la crisis económica y material que nos está afectando a quienes vivimos actualmente esta lamentable situación en la que nos encontramos. De acuerdo a lo que he aprendido hasta el momento sobre el tema de Liderazgo, detecto que la complejidad de lo que queremos solucionar está en que, por una parte, estamos viviendo una situación de emergencia que tendría que ser resuelta por autoridades que no atacan el problema de raíz, y por otro lado, esta crisis económica y material está dentro de un desafío maléfico o retorcido porque nuestro caso es inédito, no tenemos referencias a las que recurrir para aportar soluciones. Las alternativas convencionales como aspirar a un aumento, cambiar de trabajo, buscar actividades que nos signifiquen una, dos o tres entradas extras, reducir gastos, contribuir entre los miembros de la familia, en este caso no funcionan porque la hiperinflación es tan monstruosa, tan desmedida, que ni siquiera quienes reciben ayuda de familiares radicados en el extranjero están viendo cubiertas por completo sus necesidades más básicas. Quienes estamos sufriendo en este escenario, no estamos viviendo, estamos sobreviviendo. Tenemos lo que tenemos porque ya lo teníamos, si quisiéramos adquirirlo no tendríamos como hacerlo. En cuanto a los componentes técnicos de este desafío, encuentro determinante que la falta de dinero para pagar hasta lo más elemental nos dificulta acceder a los servicios y a programas de entrenamiento para desarrollar nuevas habilidades que nos permitan salir del hoyo en el que sentimos que nos encontramos. Cada día, apenas amanece, la prioridad es asegurar al menos una comida. No tenemos garantizados ni siquiera los servicios básicos (agua, electricidad, etc.) y en un país donde la mitad del territorio permanece a oscuras y desconectado doce horas diarias, gracias a un plan de racionamiento, y en plena era digital, somos “privilegiados” mayormente los caraqueños por contar con más horas de servicio y acceso a internet (aunque esto no se cumple al 100%); sin embargo, unos más otros menos, todos estamos sufriendo los embates de la crisis en la que estamos inmersos, ante la indiferencia de las autoridades responsables de proveernos protección, orientación y orden. Con respecto a los componentes adaptativos de este desafío tan complejo, el clima reinante es el de incertidumbre, desconfianza y desesperanza. La lucha por la supervivencia diaria, con muy pocos recursos, ha mermado la autoconfianza y la capacidad de iniciativa de muchos que se sienten de manos atadas para lanzarse en cualquier emprendimiento que represente algún tipo de riesgo. Todo cuesta dinero, no lo tenemos y si lo tenemos debemos destinarlo a comida. De los tantos conflictos internos que se pueden generar a partir de este escenario, uno que para mí es crucial es, por ejemplo, lanzarse al trabajo de manera independiente teniendo que cobrar montos que muchos no pueden pagar (para asegurar mi sustento) vs ofrecer un servicio a muy bajo precio o de forma gratuita, para que el mayor número posible de personas pueda acceder, pero que eso no me dé a mí ni para comer. Una manera de sortear esto ha sido emigrar a los programas educativos que se dictan online de manera gratuita, y a los oficios que se ejercen a través de internet, pero incluso nosotros (porque este es mi caso) tenemos problemas de productividad por la inestabilidad de la conexión y porque aún no dominamos muchos aspectos tecnológicos. De cualquier manera, emigrar a la solución que nos representa Internet no es una alternativa que todos aceptemos ni a la que todos tengamos acceso. Además, implica comenzar a aprender todo de nuevo, soltar la visión convencional que tenemos sobre el aprendizaje, el estudio y el trabajo. Esto no me genera conflicto a mí porque lo enfrenté hace poco más de año y medio, pero sé que mucha gente está aferrada a sus rutinas como un mecanismo para autoprotegerse de la ansiedad que nos genera a todos el ambiente desesperanzador en el que estamos viviendo. Hecho este análisis, mi desafío se puede resumir en que quiero resolver mi propia situación, y ayudar a otros a resolver la suya, aprovechando los recursos tecnológicos con los que hoy contamos, aun en medio de las condiciones hostiles en las que nos encontramos, y devolvernos a todos los afectados por esta situación la confianza y la seguridad de que podemos seguir desarrollándonos y aportando soluciones, a pesar de las adversidades.
Para que algo ocurra, es necesario estar dispuesto a dar el primer paso…