ERES LÍDER POR NATURALEZA

Si te interesa el tema del liderazgo, seguramente más de una vez te habrás hecho preguntas como ¿Cuáles son las fortalezas de un líder? O ¿Cómo puedo llegar a ser un buen líder?

Para abordar este tema, comenzaré por recordarte que tu capacidad de liderazgo es el conjunto de habilidades con las que cuentas para ejercer influencia en los demás.

Generalmente, el común denominador de la gente que te rodea esperará de ti, como líder, que marques el camino y que resuelvas los problemas que te salgan al paso. Sin embargo, no siempre podrás cumplir esas expectativas.

Tú mejor que nadie sabes todas las cargas que llevas a cuestas y los dolores emocionales por los que pasas cada vez que un sueño se te cae, especialmente cuando te enfrentas al rechazo o a la mezquindad de muchos a tu alrededor.

Conforme adquieres responsabilidades y te expones, más crecen las expectativas y parece más difícil cubrirlas. Ciertamente, este mundo se caracteriza por la inconformidad, y parece que tú fueras ese muro donde la humanidad quiere escribir sus graffitis de quejas y reclamos para saciar su vanidad.

Es un error que pretendas ser perfecto, creer que puedes tener bajo control cualquier situación que surja, o peor aún exigírtelo. Nada más lejos de la realidad. Eso era antes, “en los tiempos de María Castaña” (como diría mi abuelita) que el líder era un personaje heróico del que se esperaba todo y al que le estaban prohibidas las fallas y hasta la más mínima debilidad.

Hoy en día, con la entrada en el siglo XXI y todos los cambios que estamos viviendo, la forma de ejercer el liderazgo se está modificando y está surgiendo un prototipo de líder más humano, más cercano y que nada tiene de inaccesible.

¿Existe ya ese tipo de líder? Bueno, yo pienso que el ejercicio del liderazgo es un área más donde estamos viviendo una transición como sociedad. Si no lo hay ya, muchos nos estamos preparando.

Todos estamos viéndonos en situación de aprender de nuevo para adaptarnos a las exigencias de la era en la que acabamos de ingresar y, precisamente porque la digitalización y el confinamiento durante 2020 nos han obligado a un distanciamiento social, ahora más que nunca cobra valor la empatía y la conexión emocional, para asegurarnos una comunicación efectiva en un entorno que apuesta a la deshumanización. Nos urge un liderazgo humano y los protagonistas de este proceso transformacional somos nosotros mismos.

Si queremos salir triunfantes de esta adaptación a los nuevos tiempos, tenemos que sacar a la luz al líder que llevamos dentro, para dirigir nuestra propia vida y ayudar a otros a dirigir la suya, siempre pensando en el bien común.

Entonces ¿existe ese líder humano o no? Pienso que sí, ese líder es cada uno, desde lo que es, desde lo que ama, desde lo que mejor sabe hacer y desde aquello en lo que se siente unido a los demás.

Ese nuevo líder eres tú, en la medida que te conozcas a ti mismo y, sin juzgarte, te aceptes. Sólo así podrás ver con total nitidez cuáles son esas cualidades de las que puedes echar mano para dar tu aporte en cualquier escenario en el que te desenvuelvas.

Todos somos líderes por naturaleza, sólo tenemos que descubrir en qué ¡Y tú  no eres la excepción!

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¿POR QUÉ ES TAN IMPORTANTE EL CONTROL EMOCIONAL PARA ALCANZAR METAS?

Para efectos del Autoliderazgo, cuando tienes una meta y no avanzas, cuando inicias un proyecto pero a mitad de camino se trunca porque lo dejas, o logras algunos objetivos con demasiada dificultad pero al final pierdes el trabajo que has hecho (a pesar de contar con recursos técnicos, tales como conocimientos, experiencia, etc), generalmente es porque algún factor emocional te está interfiriendo y haciendo que te autosabotees. Unas veces desistirás tú y otras veces será la propia situación la que te expulse.

Es mayormente por los arrebatos emocionales que se dañan relaciones, se rompen sociedades, se caen negocios e incluso se fracturan núcleos familiares. Por no saber canalizar lo que sientes puedes estar corriendo el riesgo de perderlo todo, no importa cuánto te haya costado, ni cuánto tiempo te haya llevado lograrlo.

Cuando te dejas arropar por una situación, dañas tus planes y acabas con los resultados que pudiste haber obtenido. Por esta razón es que a la hora de enfrentar problemas, tus estudios y títulos de muy poco sirven.  Esos conocimientos sólo ayudan a sacar adelante la parte práctica y objetiva, pero no resuelven la parte emocional.

Son las emociones las que llevan la batuta y tienes que aprender a manejarlas para que seas tú quien las gobiernes a ellas y no ellas a ti. Si no lo haces, te condenas a ti mismo a seguir yendo de fracaso en fracaso por no saber dominar tu carácter.

Indagar y detectar cuáles son las creencias limitantes y emociones que te están obstaculizando te permitirá ver el problema de manera más objetiva y tomar nuevas decisiones sobre la marcha. De esto trata lo que se conoce como Autoliderazgo: de conocerte a ti mismo, examinar tus reacciones y aplicar correctivos donde haga falta para acercarte más a la consecución de tus objetivos y metas. A partir de allí, lo que queda es tener claridad de lo que quieres alcanzar y perseverar hasta conseguirlo.

Actualmente, me desenvuelvo entre escritores y me he encontrado con que hasta los más experimentados albergan algún tipo de inseguridad. Tener inseguridades es completamente normal; de hecho, no tenerlas sería anormal. No se puede estar bien todo el tiempo, ni se puede tener todo previsto de una vez. Sin embargo, lo que sí puedes hacer es canalizar lo que sientes, hacia una actividad que te reporte algún beneficio, te acerque a tu meta y de algún modo pueda servirle a los demás. Así nacen los campeones del deporte, los grandes compositores, los escritores de renombre, los poetas inolvidables ¿O es que tú crees que siempre se sintieron bien? ¿De dónde piensas que sacaron el ímpetu para lograr lo que hicieron?

Un ejercicio que aprendí durante el curso de Autoliderazgo es el de crear mi propia lista de preguntas a las que llamo mis “Top 5”. Son 5 preguntas diseñadas para usarlas cada vez que me encuentre ante alguna situación que me signifique un reto o un desafío.

En la práctica, hacerte estas preguntas te permitirá retomar el control sobre la situación y tener una visión más objetiva acerca de lo que te está ocurriendo. Además, podrás ver mejor qué terreno estás pisando y qué pasos necesitas dar.

Siempre puedes crear tu propia lista, estas son mis “Top 5”:

  1. En lo personal ¿a qué me está conduciendo lo que está ocurriendo?
  2. Esto que ahora tengo que hacer ¿qué ventaja me representa? ¿me acerca a mi meta?
  3. ¿Qué me está enseñando esta situación?
  4. ¿En qué voy a mejorar si lo resuelvo?
  5. ¿En qué puedo ayudar a otros con este aprendizaje?

Una vez obtengas tus respuestas, permítete una lluvia de ideas y escoge las que quieras para ponerlas en práctica. Si no funciona, de una vez o completamente, no te preocupes. Siempre tendrás oportunidad de reajustar tu plan hasta que lo afines lo suficiente. Cuando des con tu propia fórmula y empieces a obtener los resultados, objetivos y metas que ansías, continúa y no interrumpas. En la medida que te conozcas y ejerzas control sobre tu mundo emocional estarás ejerciendo tu Autoliderazgo.

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Puedo escribir los versos más tristes esta noche.

Pablo Neruda.

Autoliderazgo: Ser testigo de tí mismo

Cuando hablamos de liderazgo, es absolutamente necesario tocar el tema del autoliderazgo, porque no puede haber avance efectivo en ningún reto que nos planteemos si no hemos aprendido antes a gerenciar nuestras emociones y la manera como enfrentamos las situaciones del día a día.

Para lograr ser eficientes y productivos en lo que hacemos y en lo que queremos lograr, necesitamos tomar consciencia plena de cuáles son las cosas que más nos importan y qué sentimos que esas cosas nos aportan. Solo así podremos ser coherentes en pensamiento, palabras y obras: siendo conscientes de nuestros verdaderos valores. Nuestros valores son la gasolina que nos impulsa a actuar o a dar un giro necesario en un punto del camino si nos damos cuenta de que por donde vamos no estamos obteniendo satisfacción, gozo ni autorrealización.

Existen ejercicios muy interesantes para detectar cuáles son los verdaderos valores que nos mueven. Basta con hacerse algunas preguntas personales como ¿Cuáles son las cosas que a mí más me importan? ¿Qué siento que me aportan? ¿Quiénes son las personas más importantes en mi vida? ¿Qué siento que estas personas me generan y en qué siento que enriquecen mi experiencia personal? ¿Qué es eso a lo que yo jamás renunciaría y que siento que es el verdadero motivo de mi existencia?

Hay dos ejercicios que a mí en lo particular me han resultado sumamente divertidos y esclarecedores para «limpiar mi lente». Uno se llama «Discurso del funeral» y el otro se llama «Mi diario en 5 años». Cualquier persona que desee dar un giro positivo a su vida, sea cual sea su situación actual, tendría que realizar estos dos ejercicios de imaginación para ver con más claridad dónde está y hacia dónde va.

Recrear en la mente nuestro propio funeral nos permite imaginar qué queremos que otros digan de nosotros y cómo queremos que se nos recuerde. Aquí cabe preguntarse ¿Estoy haciendo lo que quiero que sea mi distintivo? ¿Estoy haciendo en este momento eso por lo que quiero que se me recuerde? En mi caso personal, yo sí quiero dejar huella y básicamente quiero que se me recuerde por haber trabajado para despertar consciencias. En lo que respecta a mi diario personal dentro de 5 años, hay acciones que ya he tomado y otras que tengo que sumar para que mi vida tome la dirección que deseo. Nada distinto a lo que puede estar pasando contigo. En todo caso, y tomando en cuenta mis experiencias en los últimos años y lo que estoy viviendo actualmente a raíz de la crisis en Venezuela, todas las subidas y bajadas por las que he pasado, todas las penurias, las gravedades físicas y emocionales que he tenido que transitar y las limitaciones que vivo a diario, si hay algo de lo que estoy segura es de que doy un profundo valor a mi bienestar físico, mental y emocional, por encima de cualquier circunstancia. Así mismo, doy un profundo valor al conocimiento, a la comunicación y a la libertad. Son cosas a las que no voy a renunciar jamás, por las que siempre voy a trabajar, y para mí el amor, esa fuerza que todo lo puede, pasa por el respeto a todo lo que a cada uno más le importa en la vida. Mi caso no es la excepción y el tuyo tampoco.

En este punto de preparación en el que me encuentro, pienso que antes de pensar en liderar iniciativas y a grupos, es vital aprender a dominar todo lo referente al autoliderazgo, solo así seremos coherentes y será más probable que dejemos una huella indeleble y positiva en la vida de los demás, además de contribuir al surgimiento de una sociedad más consciente.

Para que algo ocurra, es necesario estar dispuesto a dar el primer paso…