7 CONSEJOS PARA EJERCER LIDERAZGO SIN CULPAR A OTROS NI A TI MISMO

Vivimos en un mundo en el que lo común es culpar a los demás de lo que nos ocurre a nosotros.

Con seguridad, debes tener grabado en tu memoria más de un incidente en en el que te culparon a ti por algo que salió mal, hayas tú tenido participación directa o no en el hecho.

No te conozco ni estuve allí, pero me atrevo a asegurar que alguien importante para ti te culpó de aquel mal resultado. Sí, se siente horrible. Lo sé porque a todos nos ha sucedido alguna vez.

También pudo haber ocurrido que estabas a cargo de una situación que no terminó bien, porque otras personas involucradas no cumplieron correctamente su parte, y tú los culpaste por ese fracaso sin asumir tu propia responsabilidad en el incidente.

La culpabilización por errores cometidos es el pan nuestro de cada día y es algo que nos amarga la vida a todos.

En la medida que vas acumulando culpas en tu haber, tu diario vivir se vuelve cada vez más gris, te sientes responsable por todo y no eres capaz de asumir nuevos retos porque el miedo a un mal resultado te paraliza.

Bien sea que tengas que trabajar con otros bajo la dirección de un líder, o seas tú ese líder que debe dirigir a otras personas (no importa si estamos hablando de tu grupo familiar), aprender a asumir tu responsabilidad te permitirá tomar el control de las situaciones que se presenten y manejarte de manera más efectiva.

Un mal líder culpa a su equipo de los malos resultados porque no asume sus propios errores, y con su propia actitud entorpece la comunicación que es tan necesaria para trabajar juntos y encontrar soluciones a los problemas.

Si deseas salir del círculo vicioso de la culpa, te dejo siete consejos útiles en cualquier área de tu vida:

  1. Ten siempre presente que los buenos y malos momentos son de todos.
  2. Si bien eres el líder, tú también eres parte del equipo y debes asumir tu propia responsabilidad.
  3. Ten la suficiente confianza con las personas de tu entorno laboral (o personal, según sea el caso) para que la comunicación fluya y puedan entre todos darse cuenta cuando algo no está saliendo bien y corregirlo de inmediato.
  4. Si se comete algún error que afecta a todo el grupo, asume tu propia responsabilidad en el hecho y no culpes a los demás miembros de algo en lo que tú también estás involucrado.
  5. Cuando los resultados no sean los esperados, aprende de la experiencia examinando lo que se hizo correctamente y lo que no.
  6. Habla con tu equipo, escucha lo que cada uno tiene que decir y ayúdalos a asumir su propia responsabilidad en los resultados, igual que como lo hiciste tú.
  7. Una vez haya sido estudiada entre todos la situación, informa las medidas que tomarás para corregir el error y evitar que se repita en el futuro.

Ejercer el liderazgo humano no es tarea fácil porque requiere que te pongas en el lugar de otros para comprenderlos, sólo así podrás establecer una comunicación efectiva; pero si lo logras, puedes dar por hecho que serás un mejor líder en un mundo cada vez más consciente.

Y tú ¿Crees que puedes aplicar estos consejos y salir del círculo de la culpa? Déjame tu comentario y conversemos al respecto, ¡me encantará responderte!

Gracias por llegar hasta aquí. Si te ha sido útil la información, por favor déjame un “me gusta” para que pueda llegar a más líderes en potencia, suscríbete para que recibas en tu correo la notificación cada vez que yo agregue una entrada nueva, y comparte este artículo con tus amigos para que también pueda ayudarles a ellos a despertar su líder interno.

Para que algo ocurra, hay que estar dispuesto a dar el primer paso.

LOS 10 CONSEJOS DE RIGOR PARA SER UN BUEN LÍDER Y NO FRACASAR EN EL INTENTO

Dicen que el ego es el principal enemigo del buen liderazgo porque un líder egocéntrico sólo está pendiente de sí mismo, de sus propios puntos de vista, de sus necesidades personales y toma las decisiones según lo que le conviene más a él y no al grupo.

Todos hemos tenido oportunidad de toparnos con alguien que se cree el centro del mundo, que piensa que los demás estamos para obedecer y, además, disfruta intimidando a quienes se encuentran a su alrededor. Por lo general, se trata de un personaje desagradable y despótico con quien nadie quiere quedarse a solas, pero también puede ser de esas personas que delante de la gente se muestran aparentemente empáticas, cuando en realidad son sencillamente insoportables en su vida personal.

El líder egocéntrico sólo piensa en él mismo, cree que se sabe todas las respuestas y que nunca se equivoca. Su actitud frente a los demás es de superioridad porque considera que nadie está a su altura y las reglas fueron creadas para todos, menos para él. Suele ser rígido y de mente cerrada porque contempla todo desde un solo punto de vista: el suyo. Siendo así, no busca comprender a los demás porque está enfocado exclusivamente en su ascenso y proyección personal. Aunque para esto tenga que pasar por encima de otros.

Para ejercer un buen liderazgo, todos requerimos tener canalizado nuestro ego porque de allí proviene nuestra autoconfianza, nuestra seguridad en la toma de decisiones, nuestra capacidad de resolver problemas (en medio incluso de situaciones apremiantes) y nuestra autovaloración.

En lo que no debemos caer es en la sobrevaloración de nosotros mismos y en eso sí que pienso que debemos ser estrictos. Tan enfermo está quien se subestima a sí mismo como quien subestima a los demás.

Tomando en cuenta todo lo que te he expuesto hasta aquí, te sugiero que en cualquier situación que tengas que ejercer el rol de líder recuerdes lo siguiente:

  1. Antes que tus propios intereses, lo primordial es trabajar por el bien común.
  2. Donde vas tú, van todos. En la unión está la fuerza.
  3. Ni eres rey ni los miembros de tu equipo son tus súbditos.
  4. Eres quien tienes la responsabilidad de mostrar el camino, pero vas avanzando en grupo.
  5. Tu gente es tu fortaleza y ellos confían en ti.
  6. Conocerte a ti mismo te permitirá saber con qué recursos personales cuentas, pero conocer a tu equipo determinará cuán lejos llegarán en manada.
  7. Muchas veces sentirás cansancio, especialmente cuando los objetivos planteados no se estén cumpliendo con la rapidez deseada. En ese caso, date un respiro para descansar pero continúa hasta vencer el obstáculo.
  8. Siempre ponte en los zapatos del otro. Esto generará empatía en tu grupo y fortalecerá los lazos entre ustedes.
  9. Si haces bien tu trabajo, con tu ejemplo despertarás a nuevos líderes.
  10. Siendo un líder con un ego saludable, tendrás la dicha de trabajar con equipos motivados.

Y tú ¿Crees que puedes ser un buen líder? ¿Dónde encuentras la mayor dificultad? Déjame tu comentario y conversemos al respecto, ¡me encantará responderte!

Gracias por llegar hasta aquí. Si te ha sido útil la información, por favor déjame un “me gusta” para que pueda llegar a más líderes en potencia, suscríbete para que recibas en tu correo la notificación cada vez que yo agregue una entrada nueva, y comparte este artículo con tus amigos para que también pueda ayudarles a ellos a despertar su líder interno.

Para que algo ocurra, hay que estar dispuesto a dar el primer paso.

CONOCE A LOS DEMÁS Y LLEGARÁS MÁS LEJOS

Si estás en el camino del autoconocimiento, para liderar tu propia vida y ayudar a otros, debes haberte dado cuenta de que tan importante es conocer a los demás como conocerte a ti mismo.

¿Cuál es la importancia de conocer a las demás personas?

En la medida que te conozcas a ti mismo tendrás mayores posibilidades de establecer relaciones sociales saludables, te será más fácil alcanzar tus metas y por tanto el éxito en tu vida. Sin embargo, darte el trabajo de conocer a los demás será lo que determinará cuán lejos llegarás en lo que te propongas.

Saber lo que piensan las personas de tu entorno, cómo se sienten frente a los acontecimientos del día a día y cómo reaccionan ante diversas circunstancias, te da una ventaja enorme sobre el resto. Ese conocimiento es la base primordial de una comunicación efectiva que a su vez resulta vital, tanto en el desempeño profesional y laboral como en el terreno de las relaciones personales.

En el área laboral, muchas veces toca trabajar con equipos cuyos miembros tienen características muy diferentes. Si no practicas el “arte” de conocer a los demás, se te hará doblemente difícil sacar adelante el rendimiento de tu grupo. Esto es primordial a la hora de ejercer puestos de liderazgo.

Se trate de la gente con la que laboras, o incluso con la que vives, debes darte el trabajo de conocer a esas personas si quieres anticiparte a posibles problemas y darles solución incluso antes de que ocurran.

Ejercer el liderazgo humano requiere una alta tasa de comprensión, objetividad, tolerancia, disposición al diálogo e intuición. Nadie ha dicho que sea fácil, especialmente porque somos diferentes y muchas de las personas con las que a diario tenemos que interactuar carecen de conocimientos sobre lo que quizás nosotros ya dominamos. Además, se requiere de madurez emocional para enfrentar las situaciones propias de las relaciones interpersonales. Sin embargo, si lo sabes y haces lo que tienes que hacer, tienes grandes posibilidades de éxito.

Siempre que te relaciones con alguien más, toma en cuenta si la otra persona es de otro país, si pertenece a un área profesional distinta a la tuya e incluso si está en otro rango de edad. Infórmate sobre sus costumbres para entenderla mejor y así poder establecer una comunicación más efectiva.

Como reto, te sugiero que te preguntes a ti mismo cómo quieres que te traten si tienes que trabajar o convivir con personas de nacionalidad distinta, con una profesión diferente a la tuya, mayores o menores que tú. ¿Cómo quieres ser tratado si el “diferente” eres tú? Y cuando tengas tus respuestas, procede a ponerlo en práctica y mira con atención qué sucede.

Gracias por llegar hasta aquí. Si te ha sido útil la información, por favor déjame un “me gusta” para que pueda llegar a más líderes en potencia, suscríbete para que recibas en tu correo la notificación cada vez que yo agregue una entrada nueva, y comparte este artículo con tus amigos para que también pueda ayudarles a ellos a despertar su líder interno.

Un buen líder reconoce y comprende al otro porque sabe colocarse en sus zapatos.

SÉ TÚ MISMO Y VENCE TU INSEGURIDAD

Es de humanos experimentar inseguridad, especialmente frente a situaciones desconocidas. Comúnmente, todos en algún momento nos preguntamos ¿Qué hago para dejar de sentirme inseguro? ¿Por qué siento tanto miedo y no puedo dominarme frente a esto?

Este tema es amplio y sería irresponsable tratarlo de manera superficial. Hoy me referiré a la inseguridad que experimentas cuando no te sientes a la altura de las circunstancias , o tienes la percepción de que los demás avanzan y tú no.

Si sufres a causa de tus inseguridades, conoces el suplicio de llevar tus cargas en silencio para no ser juzgado como débil. Sabes todos los malestares que esto te genera y, aunque probablemente ya te has documentado y quizás ya hayas consultado a diversos especialistas, el asunto es que la carga sigue allí. Yo lo he vivido y sé de qué se trata, por eso puedo hablarte de esto con propiedad.

En internet abundan los artículos sobre cómo vencer la inseguridad personal y los pensamientos autolimitantes. Siempre encontrarás que se trata de una pobre imagen que tienes de ti mismo que se resuelve elevando tu autoestima, pero no es eso lo que te voy a decir.

Cuando eres inseguro, tu miedo afecta tu desempeño en distintas áreas de tu vida. Sí, debes enfrentar tus temores para poder obrar cambios positivos en tu día a día; pero lo que hagas debe ser acorde con tu forma de ser. Obligarte a permanecer en situaciones, lugares o relaciones en las que no puedes ser tú mismo y donde te ves forzado a comportarte de una manera que no es la que te caracteriza, sólo empeora las cosas y aumenta tu sensación de insuficiencia. Esto te lo digo por experiencia propia.

A lo que no debes temerle es a romper con lo que sientes que te hace daño. Cualquier cosa que te esté obligando a ir en contra de ti mismo debe salir de tu vida. Ese es el primer acto de sinceridad contigo mismo que debes ejecutar. Si no lo haces, seguirás llevando a cuestas un saco de pesares muy difícil de soportar. Yo ya me desprendí del mío.

En vez de mandarte a hacer una lista de las que crees son tus fortalezas y debilidades o empujarte a hacer lo que internamente rechazas, te haré cuatro preguntas precisas que contienen la clave para que empieces a ver tu vida a través de otro cristal:

  1. En tu rutina diaria ¿Dejas un tiempo para ti?
  2. A diario ¿Acostumbras hacer cosas que te gustan?
  3. En tu trabajo ¿Te dedicas a una actividad en la que expresas lo que mejor sabes hacer y más fácil se te hace?
  4. En tus relaciones personales ¿Te rodeas de personas afines contigo con las que te sientes en confianza para expresar abiertamente lo que piensas y sientes?

Si respondiste “SI” a todas las preguntas anteriores, te felicito de todo corazón. En caso de haber respondido “NO” a alguna, o incluso a todas, entonces es momento de que tomes acción. Yo lo hice hace dos años.

En la medida que te ocupes de ti mismo, procurándote lo que te gusta y te hace bien, aunque tengas que comenzar de nuevo encontrarás la motivación necesaria para seguir adelante. Tus resistencias internas irán cediendo y poco a poco te irás sintiendo cada vez más como pez en el agua. Además, te sentirás capaz de asumir nuevas responsabilidades, aun en medio de escenarios confusos y desafiantes. Eso es liderazgo humano. ¡Que te lo digo yo que estoy en Venezuela!

Gracias por llegar hasta aquí. Si te ha sido útil la información, por favor déjame un “me gusta” para que pueda llegar a más líderes en potencia, suscríbete para que recibas en tu correo la notificación cada vez que yo agregue una entrada nueva, y comparte este artículo con tus amigos para que también pueda ayudarles a ellos a despertar su líder interno.

Para que algo ocurra, hay que estar dispuesto a dar el primer paso.

ERES LÍDER POR NATURALEZA

Si te interesa el tema del liderazgo, seguramente más de una vez te habrás hecho preguntas como ¿Cuáles son las fortalezas de un líder? O ¿Cómo puedo llegar a ser un buen líder?

Para abordar este tema, comenzaré por recordarte que tu capacidad de liderazgo es el conjunto de habilidades con las que cuentas para ejercer influencia en los demás.

Generalmente, el común denominador de la gente que te rodea esperará de ti, como líder, que marques el camino y que resuelvas los problemas que te salgan al paso. Sin embargo, no siempre podrás cumplir esas expectativas.

Tú mejor que nadie sabes todas las cargas que llevas a cuestas y los dolores emocionales por los que pasas cada vez que un sueño se te cae, especialmente cuando te enfrentas al rechazo o a la mezquindad de muchos a tu alrededor.

Conforme adquieres responsabilidades y te expones, más crecen las expectativas y parece más difícil cubrirlas. Ciertamente, este mundo se caracteriza por la inconformidad, y parece que tú fueras ese muro donde la humanidad quiere escribir sus graffitis de quejas y reclamos para saciar su vanidad.

Es un error que pretendas ser perfecto, creer que puedes tener bajo control cualquier situación que surja, o peor aún exigírtelo. Nada más lejos de la realidad. Eso era antes, “en los tiempos de María Castaña” (como diría mi abuelita) que el líder era un personaje heróico del que se esperaba todo y al que le estaban prohibidas las fallas y hasta la más mínima debilidad.

Hoy en día, con la entrada en el siglo XXI y todos los cambios que estamos viviendo, la forma de ejercer el liderazgo se está modificando y está surgiendo un prototipo de líder más humano, más cercano y que nada tiene de inaccesible.

¿Existe ya ese tipo de líder? Bueno, yo pienso que el ejercicio del liderazgo es un área más donde estamos viviendo una transición como sociedad. Si no lo hay ya, muchos nos estamos preparando.

Todos estamos viéndonos en situación de aprender de nuevo para adaptarnos a las exigencias de la era en la que acabamos de ingresar y, precisamente porque la digitalización y el confinamiento durante 2020 nos han obligado a un distanciamiento social, ahora más que nunca cobra valor la empatía y la conexión emocional, para asegurarnos una comunicación efectiva en un entorno que apuesta a la deshumanización. Nos urge un liderazgo humano y los protagonistas de este proceso transformacional somos nosotros mismos.

Si queremos salir triunfantes de esta adaptación a los nuevos tiempos, tenemos que sacar a la luz al líder que llevamos dentro, para dirigir nuestra propia vida y ayudar a otros a dirigir la suya, siempre pensando en el bien común.

Entonces ¿existe ese líder humano o no? Pienso que sí, ese líder es cada uno, desde lo que es, desde lo que ama, desde lo que mejor sabe hacer y desde aquello en lo que se siente unido a los demás.

Ese nuevo líder eres tú, en la medida que te conozcas a ti mismo y, sin juzgarte, te aceptes. Sólo así podrás ver con total nitidez cuáles son esas cualidades de las que puedes echar mano para dar tu aporte en cualquier escenario en el que te desenvuelvas.

Todos somos líderes por naturaleza, sólo tenemos que descubrir en qué ¡Y tú  no eres la excepción!

Gracias por llegar hasta aquí. Si te ha sido útil la información, por favor déjame un “me gusta” para que pueda llegar a más líderes en potencia, suscríbete para que recibas en tu correo la notificación cada vez que yo agregue una entrada nueva, y comparte este artículo con tus amigos para que también pueda ayudarles a ellos a despertar su líder interno.

El Nuevo Liderazgo y la Reconexión Espiritual

La Fe parte de la autoconfianza y la baja autoestima es el primer obstáculo a vencer. No hay Fe verdadera mientras haya inseguridad en la propia capacidad para alcanzar las metas, vencer los obstáculos y transformar la realidad. La oración es efectiva cuando parte del deseo genuino de obtener algo realmente anhelado. , pero en un mundo donde mayormente las personas no creen en sí mismas y tienen baja autoestima esas oraciones parecen caer en saco roto. No puede haber Fe verdadera donde hay desconfianza, ansiedad e inseguridad porque el Poder que todo lo vence reside en cada individuo y es desde sí mismo que se proyecta hacia su entorno.

El sistema usa infinidad de recursos para minar la autoconfianza de las masas porque esa es la manera más segura y efectiva de mantener control sobre ellas. La esclavitud, la frustración, la enfermedad, las adicciones, las relaciones de baja calidad, la delincuencia e incluso la superpoblación son consecuencia de no desarrollar las cualidades espirituales.

Las instrucciones han sido transmitidas a lo largo de todas las épocas y periódicamente se dejan evidencias sobre realidades que son desconocidas por las mayorías, pero hay dos condiciones fundamentales que limitan el acceso a la información: el interés del sistema en ocultarla y, por otro lado, la necesidad de mantener a resguardo verdades para las cuales el individuo común no está preparado.

¿El evangelio salva? Sí, pero no como se le ha transmitido a las masas, no con golpes de pecho ni con oraciones huecas, es por eso que los males comunes continúan apoderados de la humanidad. Las épocas cambian, la tecnología avanza, aparentemente la vida se simplifica debido a técnicas cada vez más sofisticadas pero el ser humano sigue sumido en el sufrimiento siendo víctima de sus propias circunstancias. La traición ha estado a la orden del día y cada vez son más los esclavos de sí mismos y del sistema porque hay quienes han usado información sagrada para ejercer dominio y transgredir las leyes de la naturaleza, que son las que rigen al planeta en el plano material.

El futuro de la humanidad está en nuestras manos y depende de lo que hagamos en el presente. Hacerte consciente de ti mismo y de la responsabilidad que tienes en lo que nos ocurre a todos es el primer paso para lograr una vida más plena, dejando además a próximas generaciones, a través de nuestro aporte, un mundo más equilibrado y en el que valga la pena vivir.

Cuando tomas las riendas de tu vida y te comprometes con el bienestar grupal, haciendo lo que tienes que hacer, contribuyes con el ejercicio del verdadero liderazgo humano.

Reconéctate.

VENEZUELA: CÓMO SE RECONSTRUYE UN PAÍS…

Desde el punto de vista del liderazgo humano, para afrontar el desafío de impulsar la reconstrucción de un país, es necesario que toda la ciudadanía se comprometa y se haga responsable de la solución, en una nueva actitud de co-responsabilidad y co-compromiso, a sabiendas de que el problema es difícil de definir porque contiene muchas aristas que escapan del control y rango de acción del ciudadano común, que no hay reglas claras, que hay un clima de profunda incertidumbre donde no tenemos autoridad formal ni recursos, y que es necesario persuadir a la colectividad a asumir su parte de responsabilidad en la recuperación de los distintos espacios que sentimos que nos han sido arrebatados y entregados al abandono.
Para sacar adelante un desafío de semejante talla, es necesario implementar un conjunto de acciones, como motivar, organizar, orientar y enfocar la atención de la colectividad en la recuperación individual y de la comunidad, para lo cual va a hacer falta fortalecer lazos y trabajar unidos. Esto implica luchar contra un clima de confusión, apatía, cansancio emocional, dolor por pérdidas afectivas, miedo a perder el sustento y una profunda inseguridad emocional y material producida por la falta de recursos para respaldar cualquier iniciativa. Desde mi punto de vista personal, es muy duro no contar con recursos; sin embargo, en períodos de escasez la colaboración mutua abre ventanas donde se nos han cerrado puertas y siempre hay gente dispuesta a ayudar y a dar facilidades en pro del bien común. Por otro lado, tenemos el factor humano que es más difícil de trabajar y que depende estrictamente de cada uno y de su deseo genuino de resolver la situación. Este aspecto luce más complejo pero cuando el deseo es genuino y estamos claramente enfocados en el bienestar común, podemos tender puentes donde nuestras visiones estaban separadas y alimentar un sentimiento de seguridad y optimismo saludable, a pesar de las dificultades y todos los obstáculos que haya que superar.
Si queremos colaborar de manera efectiva con la reconstrucción del país, no podemos seguir esperando, ni el momento perfecto, ni a los dirigentes perfectos, ni un milagro del cielo en un plano del tiempo que nadie conoce. El momento es ahora, los dirigentes perfectos somos nosotros mismos que conocemos el problema y si dejamos transcurrir más tiempo las cosas solo pueden tornarse más difíciles e igual tendremos que afrontarlas. Es necesario, y urge, enfocar todos nuestros esfuerzos en despertar nuestra Conciencia Ciudadana y dirigir todas nuestras acciones a convencernos, individualmente y en conjunto, de que cada uno puede, con lo que tiene y desde donde está, superar su propia situación y colaborar con la recuperación de todos los que se encuentran en iguales e incluso peores condiciones. Para esto hace falta unir voluntades, tanto por instinto de supervivencia como por amor a Venezuela, para emerger de las profundidades como una sola fuerza, potente e incontenible, que sirva para transformar y regenerar el país que hoy muchos, dominados por el pesimismo, dan por hundido en la quiebra y la desesperanza.
¿Qué tenemos que hacer en concreto?
Para que algo ocurra, es necesario estar dispuesto a dar el primer paso.
TO BE CONTINUED…
 
 

Parada para respirar… “YO SOLO CUMPLIA ORDENES”


¿A qué nos arriesgamos cuando ejercemos liderazgo? El liderazgo implica asumir ciertos riesgos y para ejercerlo es primordial estar preparado para asumir la responsabilidad de intervenir en un sistema, y así, generar un impacto positivo en los grupos involucrados y propiciar el cambio que se busca en pro del bien común.
Si hablamos de liderazgo adaptativo, hay que tener presente que el factor humano es crucial y hay que saber estudiarlo y trabajarlo si queremos resultados efectivos. También es vital examinar lo referente a nuestra relación con la figura de autoridad y este suele ser un punto álgido.
Cuando la relación entre las personas tiende más hacia la figura de autoridad que hacia la co-responsabilidad, la gente pierde la capacidad individual de responsabilizarse por sus actos, corriendo entonces el riesgo de desconectarse de su sentido ético. Su dimensión ética tiende a desaparecer y va haciéndose más fácil que se convierta en “perpetrador del mal”.
Aquí entra el porqué del título de esta entrada “YO SOLO CUMPLIA ORDENES”:
El riesgo central del liderazgo, más específicamente del estilo heroico, es que cuando la gente entrega la responsabilidad a otra persona, deja de ser capaz de tomar decisiones individuales responsables. ¿Por qué una persona obedece cuando se le ordenan acciones que van en contra de su conciencia? Pues porque para mucha gente la obediencia es un comportamiento arraigado que termina primando sobre las bases éticas.
En los casos donde se viven escenarios de violencia y crueldad, toda la estructura y las políticas que llevan al genocidio solo pueden ser llevadas a cabo en una escala masiva si un gran número de personas obedece órdenes. Los crímenes basados en obediencia son una realidad y la mayoría de los países tienen historias que lo confirman. Venezuela, entre tantos otros países, tiene también sus episodios largos y dolorosos. Sin embargo, la obediencia no es algo que se deba eliminar; al contrario, cierta medida de obediencia es necesaria para el desempeño de los grupos, organizaciones y la sociedad.
Cuando estudiamos liderazgo, nos vemos en la obligación de estudiar el mundo de las emociones, para examinar de qué manera nos relacionamos con nuestro entorno y descubrir qué es lo que hay detrás de lo evidente. En mi caso personal, he internalizado que me torno agresiva cuando me siento instigada, acosada, presionada y perseguida o interrogada, y para huir de mi propia agresividad me aislo, de modo de evitar lo que me disgusta. Ni más ni menos de lo que puede ocurrirle a cualquier otra persona. Pero ¿qué pasa cuando una mayoría está enmascarando lo que siente y padece todo el colectivo? ¿qué pasa cuando una mayoría se siente víctima de las circunstancias y, por no asumir su rol de responsabilidad, contribuye con lo mismo de lo que se queja? ¿qué pasa cuando la mayoría se siente impotente ante el abuso de autoridad pero no sabe cómo enfrentarlo? He aquí el dilema…
A partir de aquí voy a hablar del caso de Venezuela porque es acerca del que puedo opinar con más propiedad, como una ciudadana más a quien le preocupa lo que ocurre actualmente, del papel que tenemos los miembros de la sociedad civil frente a la crisis que atraviesa el país, y la respuesta de la ciudadanía ante la violencia, el abuso, las injusticias y una larga lista de factores que componen esta crisis sin precedente en nuestra historia.
Tenemos un problema, en eso estamos de acuerdo. Se trata de un desafío extraordinariamente complejo porque abarca temas que van desde lo político, la corrupción, la inseguridad, la hiperinflación, caos de servicios públicos, etc. Todo requiere atención y solución pero no vamos a poder avanzar en este reto mientras sigamos replegados en posición de víctimas. Aunque sea cierto que estamos sufriendo y que nos sentimos contra la pared, asumirnos como víctimas nos neutraliza como individuos y por lo tanto como sociedad.
Mientras una parte de la población se autoprotege negando la situación, otros queremos actuar pero no sabemos cómo. En este momento, yo tampoco tengo respuesta para esto pero la busco incansablemente  y sostengo que cuando parece que todos los caminos están cerrados, siempre se encuentra una nueva manera de hacer las cosas. Para mí no hay imposibles y mientras más difícil es un desafío más lo considero un reto a la inteligencia. De momento, me documento, aprendo y ofrezco mis dones y habilidades.
Todos los países merecen ciudadanos de valor que estén dispuestos a entregar sus talentos para construir sociedades de primera. Venezuela no es la excepción y amarla es tan fácil que bien vale la pena levantarse para ayudar a reconstruirla. Si queremos erradicar el mal que nos agobia, tenemos que empezar a elevar nuestro nivel de conciencia para dar paso a una nueva ciudadanía consciente, co-responsable y co-comprometida con nuestro bienestar y desarrollo. Si hemos de cumplir alguna orden, que sea la que nos dicte nuestra conciencia, por amor al país y por el bien común.
Este es un llamado para que rescatemos todo lo que amamos y lo mantengamos a manos llenas y con los brazos abiertos al mundo, como siempre ha sido y debe seguir siendo. Por difícil que resulte…
Para que algo ocurra, es necesario estar dispuesto a dar el primer paso.
 

Parada para respirar… en medio de escenarios confusos


Sabemos que vivimos en un mundo muy diferente al del siglo XX y los cambios que se han experimentado nos representan desafíos de gran complejidad. Para todos, tanto para quienes nacimos en el siglo pasado como para nuevas generaciones, debería ser preocupante lo relacionado con problemas muy específicos como, por ejemplo, la seguridad, la calidad de los servicios públicos, la educación, la pobreza, la desigualdad, la droga y la corrupción en todos los niveles. Problemas que quizá podrían ser controlados y hasta erradicados, de no ser porque se descuidan en sus fases iniciales y esto va haciendo poco a poco que se conviertan en problemas críticos hasta llegar a hacerse inmanejables al punto de tornarse maléficos o retorcidos (wicked en inglés). Digo “debería ser” porque son problemas que nos atañen a todos como miembros de una sociedad y no tendrían por qué ser temas de interés sólo para algunos, mucho menos responsabilidad exclusiva de unos pocos.
En los foros sobre Liderazgo, suelo encontrar personas básicamente con las mismas inquietudes. Hoy le comentaba a un compañero que, desde mi punto de vista, tenemos que desprendernos definitivamente de la idea arraigada de que es otro quien nos va a resolver los problemas y tenemos que trabajar en su lugar la idea de que la colaboración es mucho más efectiva a la hora de buscar y hallar soluciones. De esto se trata el Nuevo Liderazgo del Siglo XXI: de una actividad en conjunto, donde cada una de las partes asume su propio rol protagónico y reconoce su co-responsabilidad  y su co-compromiso con cualquiera de las causas por las que esté trabajando el grupo. Esto es un Liderazgo Humano, co-responsable y co-comprometido.
Sé que en casos inéditos, como por ejemplo el de Venezuela, muchos nos preguntamos qué podemos hacer en concreto para avanzar en una situación que nos mantiene asfixiados y donde pareciera que no hay salida. También sé que en un contexto tan retorcido, una posición como la mía bien puede ser calificada de “come flor”. Sin embargo, si yo no fuera una persona convencida de que todo problema tiene solución, hace rato que me habría dejado arrastrar por la desesperación y habría incluso atentado contra mi vida. No siendo esto así, me ocupo incansablemente de buscar alternativas que me representen alguna solución en mi esfera personal, pensando siempre en lo que puedo aportar a otros con mi experiencia. En mi caso personal, me aferro a la adquisición de nuevos conocimientos aplicables y, en lo emocional, hace tiempo que aprendí que lo que no ayuda estorba, especialmente en casos críticos como lo que nos está tocando vivir en Venezuela. Por eso suelto lo que no me deja crecer y promuevo la enseñanza y el aprendizaje, porque sé que mientras mayor es la ignorancia y menor el pensamiento crítico, más se corre el riesgo de ser manipulable.

Para que algo ocurra, es necesario estar dispuesto a dar el primer paso…

Se tenía que decir y se dijo… Mi desafío


En mi caso, como en el de tantos venezolanos, mi principal desafío es superar la crisis económica y material que nos está afectando a quienes vivimos actualmente esta lamentable situación en la que nos encontramos. De acuerdo a lo que he aprendido hasta el momento sobre el tema de Liderazgo, detecto que la complejidad de lo que queremos solucionar está en que, por una parte, estamos viviendo una situación de emergencia que tendría que ser resuelta por autoridades que no atacan el problema de raíz, y por otro lado, esta crisis económica y material está dentro de un desafío maléfico o retorcido porque nuestro caso es inédito, no tenemos referencias a las que recurrir para aportar soluciones. Las alternativas convencionales como aspirar a un aumento, cambiar de trabajo, buscar actividades que nos signifiquen una, dos o tres entradas extras, reducir gastos, contribuir entre los miembros de la familia, en este caso no funcionan porque la hiperinflación es tan monstruosa, tan desmedida, que ni siquiera quienes reciben ayuda de familiares radicados en el extranjero están viendo cubiertas por completo sus necesidades más básicas. Quienes estamos sufriendo en este escenario, no estamos viviendo, estamos sobreviviendo. Tenemos lo que tenemos porque ya lo teníamos, si quisiéramos adquirirlo no tendríamos como hacerlo. En cuanto a los componentes técnicos de este desafío, encuentro determinante que la falta de dinero para pagar hasta lo más elemental nos dificulta acceder a los servicios y a programas de entrenamiento para desarrollar nuevas habilidades que nos permitan salir del hoyo en el que sentimos que nos encontramos. Cada día, apenas amanece, la prioridad es asegurar al menos una comida. No tenemos garantizados ni siquiera los servicios básicos (agua, electricidad, etc.) y en un país donde la mitad del territorio permanece a oscuras y desconectado doce horas diarias, gracias a un plan de racionamiento, y en plena era digital, somos “privilegiados” mayormente los caraqueños por contar con más horas de servicio y acceso a internet (aunque esto no se cumple al 100%); sin embargo, unos más otros menos, todos estamos sufriendo los embates de la crisis en la que estamos inmersos, ante la indiferencia de las autoridades responsables de proveernos protección, orientación y orden. Con respecto a los componentes adaptativos de este desafío tan complejo, el clima reinante es el de incertidumbre, desconfianza y desesperanza. La lucha por la supervivencia diaria, con muy pocos recursos, ha mermado la autoconfianza y la capacidad de iniciativa de muchos que se sienten de manos atadas para lanzarse en cualquier emprendimiento que represente algún tipo de riesgo. Todo cuesta dinero, no lo tenemos y si lo tenemos debemos destinarlo a comida. De los tantos conflictos internos que se pueden generar a partir de este escenario, uno que para mí es crucial es, por ejemplo, lanzarse al trabajo de manera independiente teniendo que cobrar montos que muchos no pueden pagar (para asegurar mi sustento) vs ofrecer un servicio a muy bajo precio o de forma gratuita, para que el mayor número posible de personas pueda acceder, pero que eso no me dé a mí ni para comer. Una manera de sortear esto ha sido emigrar a los programas educativos que se dictan online de manera gratuita, y a los oficios que se ejercen a través de internet, pero incluso nosotros (porque este es mi caso) tenemos problemas de productividad por la inestabilidad de la conexión y porque aún no dominamos muchos aspectos tecnológicos. De cualquier manera, emigrar a la solución que nos representa Internet no es una alternativa que todos aceptemos ni a la que todos tengamos acceso. Además, implica comenzar a aprender todo de nuevo, soltar la visión convencional que tenemos sobre el aprendizaje, el estudio y el trabajo. Esto no me genera conflicto a mí porque lo enfrenté hace poco más de año y medio, pero sé que mucha gente está aferrada a sus rutinas como un mecanismo para autoprotegerse de la ansiedad que nos genera a todos el ambiente desesperanzador en el que estamos viviendo. Hecho este análisis, mi desafío se puede resumir en que quiero resolver mi propia situación, y ayudar a otros a resolver la suya, aprovechando los recursos tecnológicos con los que hoy contamos, aun en medio de las condiciones hostiles en las que nos encontramos, y devolvernos a todos los afectados por esta situación la confianza y la seguridad de que podemos seguir desarrollándonos y aportando soluciones, a pesar de las adversidades.
Para que algo ocurra, es necesario estar dispuesto a dar el primer paso…