Parada para respirar… en medio de escenarios confusos


Sabemos que vivimos en un mundo muy diferente al del siglo XX y los cambios que se han experimentado nos representan desafíos de gran complejidad. Para todos, tanto para quienes nacimos en el siglo pasado como para nuevas generaciones, debería ser preocupante lo relacionado con problemas muy específicos como, por ejemplo, la seguridad, la calidad de los servicios públicos, la educación, la pobreza, la desigualdad, la droga y la corrupción en todos los niveles. Problemas que quizá podrían ser controlados y hasta erradicados, de no ser porque se descuidan en sus fases iniciales y esto va haciendo poco a poco que se conviertan en problemas críticos hasta llegar a hacerse inmanejables al punto de tornarse maléficos o retorcidos (wicked en inglés). Digo “debería ser” porque son problemas que nos atañen a todos como miembros de una sociedad y no tendrían por qué ser temas de interés sólo para algunos, mucho menos responsabilidad exclusiva de unos pocos.
En los foros sobre Liderazgo, suelo encontrar personas básicamente con las mismas inquietudes. Hoy le comentaba a un compañero que, desde mi punto de vista, tenemos que desprendernos definitivamente de la idea arraigada de que es otro quien nos va a resolver los problemas y tenemos que trabajar en su lugar la idea de que la colaboración es mucho más efectiva a la hora de buscar y hallar soluciones. De esto se trata el Nuevo Liderazgo del Siglo XXI: de una actividad en conjunto, donde cada una de las partes asume su propio rol protagónico y reconoce su co-responsabilidad  y su co-compromiso con cualquiera de las causas por las que esté trabajando el grupo. Esto es un Liderazgo Humano, co-responsable y co-comprometido.
Sé que en casos inéditos, como por ejemplo el de Venezuela, muchos nos preguntamos qué podemos hacer en concreto para avanzar en una situación que nos mantiene asfixiados y donde pareciera que no hay salida. También sé que en un contexto tan retorcido, una posición como la mía bien puede ser calificada de “come flor”. Sin embargo, si yo no fuera una persona convencida de que todo problema tiene solución, hace rato que me habría dejado arrastrar por la desesperación y habría incluso atentado contra mi vida. No siendo esto así, me ocupo incansablemente de buscar alternativas que me representen alguna solución en mi esfera personal, pensando siempre en lo que puedo aportar a otros con mi experiencia. En mi caso personal, me aferro a la adquisición de nuevos conocimientos aplicables y, en lo emocional, hace tiempo que aprendí que lo que no ayuda estorba, especialmente en casos críticos como lo que nos está tocando vivir en Venezuela. Por eso suelto lo que no me deja crecer y promuevo la enseñanza y el aprendizaje, porque sé que mientras mayor es la ignorancia y menor el pensamiento crítico, más se corre el riesgo de ser manipulable.

Para que algo ocurra, es necesario estar dispuesto a dar el primer paso…

Se tenía que decir y se dijo… Mi desafío


En mi caso, como en el de tantos venezolanos, mi principal desafío es superar la crisis económica y material que nos está afectando a quienes vivimos actualmente esta lamentable situación en la que nos encontramos. De acuerdo a lo que he aprendido hasta el momento sobre el tema de Liderazgo, detecto que la complejidad de lo que queremos solucionar está en que, por una parte, estamos viviendo una situación de emergencia que tendría que ser resuelta por autoridades que no atacan el problema de raíz, y por otro lado, esta crisis económica y material está dentro de un desafío maléfico o retorcido porque nuestro caso es inédito, no tenemos referencias a las que recurrir para aportar soluciones. Las alternativas convencionales como aspirar a un aumento, cambiar de trabajo, buscar actividades que nos signifiquen una, dos o tres entradas extras, reducir gastos, contribuir entre los miembros de la familia, en este caso no funcionan porque la hiperinflación es tan monstruosa, tan desmedida, que ni siquiera quienes reciben ayuda de familiares radicados en el extranjero están viendo cubiertas por completo sus necesidades más básicas. Quienes estamos sufriendo en este escenario, no estamos viviendo, estamos sobreviviendo. Tenemos lo que tenemos porque ya lo teníamos, si quisiéramos adquirirlo no tendríamos como hacerlo. En cuanto a los componentes técnicos de este desafío, encuentro determinante que la falta de dinero para pagar hasta lo más elemental nos dificulta acceder a los servicios y a programas de entrenamiento para desarrollar nuevas habilidades que nos permitan salir del hoyo en el que sentimos que nos encontramos. Cada día, apenas amanece, la prioridad es asegurar al menos una comida. No tenemos garantizados ni siquiera los servicios básicos (agua, electricidad, etc.) y en un país donde la mitad del territorio permanece a oscuras y desconectado doce horas diarias, gracias a un plan de racionamiento, y en plena era digital, somos “privilegiados” mayormente los caraqueños por contar con más horas de servicio y acceso a internet (aunque esto no se cumple al 100%); sin embargo, unos más otros menos, todos estamos sufriendo los embates de la crisis en la que estamos inmersos, ante la indiferencia de las autoridades responsables de proveernos protección, orientación y orden. Con respecto a los componentes adaptativos de este desafío tan complejo, el clima reinante es el de incertidumbre, desconfianza y desesperanza. La lucha por la supervivencia diaria, con muy pocos recursos, ha mermado la autoconfianza y la capacidad de iniciativa de muchos que se sienten de manos atadas para lanzarse en cualquier emprendimiento que represente algún tipo de riesgo. Todo cuesta dinero, no lo tenemos y si lo tenemos debemos destinarlo a comida. De los tantos conflictos internos que se pueden generar a partir de este escenario, uno que para mí es crucial es, por ejemplo, lanzarse al trabajo de manera independiente teniendo que cobrar montos que muchos no pueden pagar (para asegurar mi sustento) vs ofrecer un servicio a muy bajo precio o de forma gratuita, para que el mayor número posible de personas pueda acceder, pero que eso no me dé a mí ni para comer. Una manera de sortear esto ha sido emigrar a los programas educativos que se dictan online de manera gratuita, y a los oficios que se ejercen a través de internet, pero incluso nosotros (porque este es mi caso) tenemos problemas de productividad por la inestabilidad de la conexión y porque aún no dominamos muchos aspectos tecnológicos. De cualquier manera, emigrar a la solución que nos representa Internet no es una alternativa que todos aceptemos ni a la que todos tengamos acceso. Además, implica comenzar a aprender todo de nuevo, soltar la visión convencional que tenemos sobre el aprendizaje, el estudio y el trabajo. Esto no me genera conflicto a mí porque lo enfrenté hace poco más de año y medio, pero sé que mucha gente está aferrada a sus rutinas como un mecanismo para autoprotegerse de la ansiedad que nos genera a todos el ambiente desesperanzador en el que estamos viviendo. Hecho este análisis, mi desafío se puede resumir en que quiero resolver mi propia situación, y ayudar a otros a resolver la suya, aprovechando los recursos tecnológicos con los que hoy contamos, aun en medio de las condiciones hostiles en las que nos encontramos, y devolvernos a todos los afectados por esta situación la confianza y la seguridad de que podemos seguir desarrollándonos y aportando soluciones, a pesar de las adversidades.
Para que algo ocurra, es necesario estar dispuesto a dar el primer paso…

Parada para respirar… El Nuevo Liderazgo del Siglo XXI

Antes de empezar a estudiar Liderazgo, mi idea sobre este tema, aunque básicamente correcta, era limitada. Yo definía el liderazgo como la capacidad para llevar adelante una iniciativa por el bien común, incentivando a otros a alcanzar sus objetivos. He aprendido a diferenciar el liderazgo de lo que son el poder y la autoridad, y ahora sé que el poder de la gente cambia, dependiendo del puesto o rol que tiene y de los instrumentos de poder con que cuenta, pero no necesariamente implica liderazgo.
De acuerdo a lo que he aprendido hasta ahora y, dentro del marco de los ejemplos de poder para influir a otros, para mí la forma más útil de entender liderazgo es como un conjunto de acciones – como lo son motivar, organizar, orientar y enfocar la atención – que básicamente cualquier persona puede realizar, siempre y cuando esté involucrada en una causa que le interese muchísimo. Estas acciones irían entonces dirigidas a mejorar la propia vida y la de los demás, incluyendo la conducción de personas a través de proyectos difíciles que requieren un fortalecimiento de lazos, en medio de puntos de vista y valores divergentes.
Actualmente, vivimos unos tiempos que exigen de nosotros una adaptación a cambios para los cuales no nos sentimos preparados, de hecho no lo estamos. Mientras la tecnología avanza a pasos agigantados y lo convencionalmente aceptado se vuelve obsoleto (incluyendo las profesiones y los oficios, por mencionar algunos ejemplos), emocionalmente el individuo común no sabe cómo enfrentar los retos de vivir en una sociedad permanentemente sometida a cambios. Así, es natural entonces vivir en crisis.
Partiendo de que el verdadero liderazgo persigue un objetivo social y que no se basa en la visión de un solo individuo sino en una acción participativa que toma en cuenta a cada uno de los actores interesados en un tema, para luchar por un mismo fin (que el fin en este caso es el bienestar común), la mayor importancia que yo encuentro en el Liderazgo Efectivo del siglo XXI está en que al acercarnos más a la dimensión humana, teniendo primero que vernos a nosotros mismos mientras nos ponemos en los zapatos de los demás, estamos más cerca de poder impulsar un cambio más visible y efectivo en la sociedad. ¡Eso sí, siempre y cuando cada quien cumpla con su parte!
En una sociedad convulsionada como en la que yo vivo, en este caso me refiero específicamente a Venezuela porque es acerca de lo que puedo hablar con más propiedad, es imperativo que quienes estamos demandando soluciones urgentes entendamos y aceptemos que si no tenemos alternativas confiables, tenemos que crearlas nosotros mismos desde lo personal y perderle el miedo a lo desconocido. Muchas veces yo tampoco sé que hacer pero busco opciones y estoy completamente abierta al aprendizaje continuo. Hay demasiado trabajo por hacer y esto no es responsabilidad exclusiva de las autoridades. Algo crucial para lo que nos prepara el verdadero Liderazgo del Siglo XXI es para el ejercicio de un Liderazgo Participativo. Nuestra transformación como individuos ya está en proceso, ahora tenemos que documentarnos y ponernos manos a la obra.
Para que algo ocurra, es necesario estar dispuesto a dar el primer paso…
 

Súbete al balcón: Butaca F15

Hace escasamente unos días, tuve oportunidad de ver “Guasón” en el cine. Soy de las personas a quienes nos gusta observar, analizar y establecer relación entre lo que vemos y lo que vivimos. El drama de esta película es tan profundo y tiene tantas aristas que sentí un impulso incontenible de compartir en mis redes mis impresiones acerca del mensaje que recogí. En este post de hoy, pretendo abordar el mismo tema pero desde otra perspectiva y utilizando las técnicas de “Subirse al balcón” para observar la realidad, y “Salir a la pista de baile” para experimentar lo que observo. Desde este punto de vista, digamos que “subí al balcón” al sentarme en la butaca F15. Como espectadora, durante un promedio de dos horas, ví y me adentré en un drama tremendamente profundo que me impactó justamente en lo que la mayoría de asistentes no reparó: lo social. Más allá de la trama de la película, observé con asombro cómo el público joven se reía a carcajadas en cada escena en la que ocurría un crimen. Mientras yo estaba completamente atrapada por una serie de imágenes y diálogos que me reflejaban una realidad de la que formamos parte todos (pero da la impresión de que solo algunos nos damos cuenta), la sala se iba en risas.

Cuando la película terminó y nos tocó salir de la sala, fue mi primer momento para “Salir a la pista de baile” y hacer contacto con quienes habían participado en la misma experiencia. Observé que quienes íbamos en silencio éramos los adultos. Los jóvenes iban, como de costumbre, comentando las escenas “que más les habían gustado” y eso… les provocaba risa. Cuando me dirigí hacia las escaleras escuché a un hombre, que esperaba el ascensor, decirle a sus compañeros: “¡Qué película tan fuerte, uno sale perturbado!”. No pude evitar la tentación de intervenir aunque no los conocía, y le dije: “Lo más perturbador es lo dicho de la propia boca del Guasón. Para mí, es un claro mensaje a la sociedad”. Guardamos silencio, llegó el ascensor y yo seguí en dirección a las escaleras.

Esa misma tarde escribí un post que publiqué en mi perfil personal de Facebook y, entre otras cosas de las que hablé, allí yo decía que cuando viendo una película de drama, cuyo argumento es extraordinariamente denso, te encuentras con que el público joven se ríe a carcajadas, cada vez que el villano (que no es villano sino una víctima más del sistema social y que además sufre de una enfermedad mental) mata a alguien, ya sabes que el país, así como está, no tiene futuro a menos que tomemos las riendas nosotros, los que reconocemos el daño y sabemos que todavía podemos hacer algo para revertirlo.

Digamos que, aunque de manera virtual, esta fue la segunda vez que “salí a la pista de baile” porque con la publicación desperté el interés de un número importante de personas que se identificaron con mi planteamiento y se sintieron motivadas a opinar. Mayormente estuvimos de acuerdo en dos cosas: sabemos que necesitamos con urgencia un cambio efectivo para mejorar nuestras condiciones actuales pero, al mismo tiempo, no sabemos cómo convertirnos en agentes del cambio que demandamos. De acuerdo a lo que ahora sé, esto es síntoma inequívoco de una fuerte necesidad de aprender lo que sea necesario para emprender iniciativas que ofrezcan soluciones, en lo personal y en lo colectivo. Pero para que esto ocurra es necesario que todos comprendamos que cada quien, desde su trinchera, puede dar su aporte personal a partir de sus habilidades; que ir al ritmo de los nuevos tiempos nos exige actualizarnos y adaptarnos a nuevas metodologías, y sobre todo tenemos que perder el miedo a expresarnos y a tomar acción en lo que más nos interesa. Indudablemente, hace falta promover un nuevo liderazgo en el que todos participemos.

Para que algo ocurra, es necesario estar dispuesto a dar el primer paso…

Quién soy y por qué estoy aquí…

Bienvenidos todos a mi blog sobre Liderazgo. Yo soy Maria Florinda Loreto Yoris, venezolana, nacida en Caracas, Publicista de profesión y Comunicadora por vocación. En esta presentación, tengo el deber de hacerles saber que, dada la fuerte crisis que viene presentando Venezuela, me he visto forzada- al igual que la mayoría de venezolanos dentro y fuera del país- a dar un vuelco en mi vida que ha implicado volver a empezar desde cero, prácticamente con las manos vacías, solo contando con lo que soy y con una maleta virtual llena de deseos que quiero materializar para contribuir de manera efectiva a la recuperación del país.

En el día a día, a consecuencia de todas las privaciones que lamentablemente está viviendo el ciudadano común (grupo en el que me cuento), veo instaurada una desesperanza y una desconfianza que no son propias de nosotros; esto se ha traducido en medidas desesperadas y en una incapacidad para ver la salida al problema que tenemos.

Me encuentro en el grupo de venezolanos que, aun en precarias condiciones, creemos fervientemente que podemos superar esta crisis, siempre y cuando cada uno se disponga a cumplir con su parte. El desafío más grande que yo encuentro es la lucha por sobrevivir con muy pocos recursos, mientras paralelamente la mayoría persiste en querer seguir haciendo todo del mismo modo. Hay un deseo común de superar la situación pero en medio de un contexto inédito. En otras palabras, queremos salir adelante pero no sabemos cómo, porque soluciones que en otro momento nos habrían servido ya no nos son útiles y porque el colectivo, al no asumir su propio rol de participación, espera que la solución la aporten unos pocos que ocupan puestos de autoridad, o peor aun, creen que quizás haya que rezar más y con más fe.

He querido entonces adentrarme en el tema del Liderazgo para aprender las herramientas que son eficaces para enfrentar y solucionar conflictos de este tipo. En este sentido, me interesa crear una comunidad que comprenda que para salir adelante somos necesarios todos, que no hay verdades absolutas, que los aprendizajes son permanentes y que en el proceso de adaptación a nuevos escenarios que exigen de nosotros mucho temple, lo más importante es actuar con plena confianza en sí mismo. Lo demás viene por añadidura.

En este momento, mi compromiso conmigo misma está en aprender todo lo que sea necesario para presentar una propuesta en firme, desde quien soy y desde donde estoy, con la cual ayude a otros a ver soluciones donde ahora solo ven un vacío, y así poder entre todos reactivar a un país al que ahora muchos dan por perdido.

Para que algo ocurra, es necesario estar dispuesto a dar el primer paso…

¡VENEZUELA: VAMOS QUE SI PODEMOS!
#DaleQueSiPuedes
#DiosViveEnTi
Maria F. Loreto

@mariafloreto